martes, 27 de agosto de 2019

PRESENTACIÓN S. BARTOLOMÉ DE PINARES, día 20 de agosto.-




20 de Agosto, San Bartolomé de Pinares, Ávila.- PRESENTACIÓN 2ª EDIC. LA LEYENDA DEL CAPITÁN


        Hacía tiempo que no visitaba San Bartolomé de Pinares. En esta localidad de la sierra de la Gaznata, en el valle del Alberche, tuve el placer de reencontrarme de nuevo con sus gentes, como hace años, para realizar una presentación literaria de la 2ª edición de mi novela histórica LA LEYENDA DEL CAPITÁN, publicada por la Edit. Círculo Rojo en 2019.


        El acto tuvo lugar en la restaurada Plaza de Cascorro, centro urbano del municipio frente a la sede del Ayuntamiento, donde se congregó una variada multitud de vecinos del pueblo, del valle y visitantes de todo tipo que estaban de vacaciones en el lugar, que tuvieron la amabilidad de acompañarme en este evento donde se desarrolló el programa que formaba parte de las fiestas de verano, dirigido por Ana Gómez, su concejala de cultura, en unión de otro pequeño elenco de jóvenes protagonistas, entre las que se encontraban la presentadora del acto, que llevó a cabo la entrevista, Nerea Abad, la bella solista de violín Judith Sáez, además de las hijas del autor, Claudia y Lucía, que ayudaron en las labores de la firma de ejemplares, lo mismo que Roberto Cabañas, encargado del equipo de sonido.

        La exposición estuvo estructurada en base a una entrevista cultural sobre la obra presentada, en la que pudimos escuchar algunos detalles sobre élla, sobre su creación y su trayectoria, mientras disfrutábamos de las agradables tonadas que la hermosa Judith arrancaba al violín con el que deleitaba la noche, poniendo un punto musical y romántico en el encuentro.

        A continuación os inserto el contenido de la entrevista, tal como se recogió en su momento por el autor:

Nerea Abad: Fernando, ¿qué podemos encontrar en la Leyenda del Capitán?
Fernando G.F.: en la Leyenda del Capitán podemos encontrar un mundo situado en el ambiente del Imperio Español en todo su apogeo, a finales del Siglo XVII, con todo un repertorio sobre las Flotas de Indias, los Cargadores a Indias, el comercio colonial, el mundo de la piratería de la época, navegantes, puertos... unido a un entramado de mafias modernas y un grupo de estudiantes que se van de viaje de fin de curso, descubriendo un secreto que lleva oculto a los hombres varios siglos y que aparece por accidente.  Es una trama que avanza entre la Historia de la edad media y la época moderna.
        Hacia principios del S. XVII, la hegemonía del Imperio Español comienza a caer en picado, con lo cual, países como Francia, Holanda e Inglaterra comienzan a expandirse a través de islas que los españoles han dejado deshabitadas por falta de interés. Es en estos momentos cuando determinados franconavegantes rompen con las reglas comunes convirtiéndose en piratas; hacia 1620 nace la Cofradía de los Hermanos de la Costa, que se establece en La Española, hoy conocida como República Dominicana, y atacan las flotas españolas que vuelven cargadas de tesoros.
        Debido a ello, hacia 1670 un Real Decreto establece que todas las flotas deben ir protegidas por barcos de guerra, creándose la Armada de Barlovento que protegerá a las Flotas de Nueva España y Tierra Firme hasta llegar a Sevilla. En ese mundo tan controvertido, muchos personajes se llevan a la tumba secretos desconocidos que permanecerán ocultos a la Historia durante siglos, y que tiempo después aparecen casi por casualidad, levantando leyendas muy intrigantes nunca desveladas del todo.
Nerea Abad: ¿En qué momento empezaste a escribirla?
Fernando G.F.: la obra en sí y el legajo original nacieron hacia 1986, en el instituto de Formación Profesional Vasco de la Zarza, donde cursaba mis estudios, a raíz de un ejercicio literario que debíamos escribir para examen, aunque comenzó a tomar forma como la novela actual que es alrededor del año 2012 aproximadamente. Durante ese curso nació la idea que muchos años después se iría convirtiendo en novela histórica; se puede decir que la obra ha ido pasando por varias épocas de maduración hasta salir a la luz en el año 2015.
Nerea Abad: Comienzas con poesía, das salto a la novela histórica, incluso tocas el ensayo...
Fernando G.F.: efectivamente, comencé con unos 10 años de edad a escribir poesía, pero mi afición a las letras me llevó siempre a tratar de escribir novela, especialmente de Historia; a día de hoy tengo escritos 6 libros y publicados 2 con dos ediciones cada uno, este libro es la segunda edición de esta novela; a lo largo de todos estos años he escrito poesía, novela, ensayo y artículos sociales, por ello llegué a escribir un ensayo sobre el tema de las relaciones de pareja, y también he llegado a escribir incluso un curso de modelismo naval de arsenal desarrollando técnicas basadas en la construcción naval. Actualmente estoy preparando mi segunda novela histórica.
Nerea Abad: ¿Por qué la conexión S. XVII – momento actual? ¿Y por qué este título?
Fernando G.F.: bueno, la magia de esta novela se basa precisamente en un salto en el tiempo entre el pasado y el presente; a lo largo de los siglos, la Historia nos ha demostrado que existen muchos secretos sin descubrir, que con el transcurrir de los años nos revelan sucesos que en el presente vuelven a salir a la luz; recordemos la historia del galeón Nuestra Señora de Atocha, el S. José o la flota de 1622, que aparecieron después de que se estudiasen sus diarios en el Archivo de Indias, y que guardaban enormes tesoros conservados durante más de 300 años en las aguas del Caribe español, esperando que alguien les descubriese en el presente. Esta obra recrea un túnel en el tiempo que su protagonista aprovecha para descubrir ese secreto oculto de la Historia.
El título casi nos está diciendo por sí solo que la obra se basa en una leyenda sobre un capitán del S. XVII, acusado de piratería por las autoridades españolas, y que desaparece de su celda misteriosamente, algo que se ha de desvelar a lo largo de sus capítulos, con un final realmente sorprendente que ha emocionado a todos sus lectores.
Nerea Abad: Para conseguir hacer una novela de estas características, ¿un historiador o investigador de historia cuánto tiempo tiene que invertir en la novela? imagino que seleccionar no habrá sido fácil...
Fernando G.F.: escribir esta novela me llevó alrededor de 3 años más o menos, aunque reconozcamos que nunca se puede anticipar un tiempo concreto para escribir una obra, todo depende de la obra, de la calidad y la precisión que le damos y de los datos que tengamos que obtener; si somos exigentes, una buena novela histórica puede llevar varios años escribirla, pero además hay que compilar, repasar, corregir, etc. contrastar datos históricos, que es lo más complicado, y tratar de leer distintas versiones y distintas fuentes históricas invirtiendo miles de horas.
Nerea Abad: Para realizar una inmersión de estas características en el S. XVII, las fuentes de información que has de utilizar serán muchísimas...
Fernando G.F.: Toda investigación histórica impone mucho trabajo y mucho estudio, consulta de archivos, comprobación de datos, mucha lectura y muchas fuentes, en realidad todas las que estén a la mano son pocas; en mi caso he trabajado con el Archivo de Indias a través de su fondo digitalizado, con el Archivo de Patrimonio del Puerto de Santa María, donde se desarrolla la acción, el Archivo de la Memoria Histórica de Toledo y algunos otros parecidos, además de contactar con otros escritores, investigadores y expertos intercambiando datos que luego hay que contrastar, muchos trabajos especializados y documentación que se va reuniendo a lo largo del tiempo para estudiarla después.
Nerea Abad: La novela es la epopeya de una trama que se mueve entre una época convulsa del pasado y el presente, ¿resaltarías algún dato de la época en especial que te inspirase al relato?

Fernando G.F.: como ya he comentado, a lo largo de muchos años he venido leyendo historias recuperadas por investigadores que ponen de manifiesto las vidas tan azarosas que llevaban piratas, capitanes y personajes de la época en el mar, donde sus vidas estaban casi siempre puestas a precio, que nunca se han aclarado del todo, y que hace de esta época un momento de nuestro pasado sumamente interesante que merece la pena conocer. En los viajes que hacían dejaban huellas que en muchas ocasiones reservaban secretos guardados con celo y que desataban todo tipo de leyendas, como ocurrió con la famosa leyenda del Tesoro de Lima, el galeón Nuestra Señora de Atocha, el pecio del San José, los naufragios de la Flota de 1622 cuyos pecios encontró el americano Mel Fisher en los años 80, o el hallazgo de diversos galeones de la Flota de Tierra Firme en aguas del Caribe, todos con sus secretos llevados a la tumba. Todo ello me animó a escribir mi propia novela ambientada en este mundo, lleno de intrigas y misterios enterrados hace siglos.
Nerea Abad: ¿En qué género la situarías?, acción, intriga, romántica...
Fernando G.F.: el género de esta obra es la novela histórica, puesto que trabaja con personajes y hechos que sucedieron realmente, sacados de la Historia Naval,  aunque en ella se desarrolla el misterio y la intriga propios de una trama policial, creando un ambiente de suspense que mantiene al lector atado a sus letras, sin que pueda dejar de leer, se podría decir que se está matrimoniando la Historia y la novela de misterio básicamente.
Nerea Abad: ¿Este libro está pensado para un lector en particular o está pensado solamente para personas que quieran pasar un buen rato?
Fernando G.F.: Este libro fue escrito para todas las personas en general, puesto que sirve para toda clase de lectores y edades, pero podría darse el caso que guste un poco más a aquellas a quienes les gusta la Historia, confieso que por su contenido sobre Historia, navegación, temas náuticos, acciones navales y terminología, quizá algunos lectores le concedan más valoración que otros, pero en general creo que podría satisfacer a todo el mundo sin distinguir preferencias ni edades porque es básicamente una novela de aventuras y de misterio al estilo de Julio Verne o de las obras de Pérez Reverte.
Nerea Abad: ¿Qué personajes históricos podemos encontrar en la novela?
Fernando G.F.: en La Leyenda del Capitán podemos encontrar personajes históricos reales y personajes de ficción, como en todas las novelas; entre los personajes que formaron parte de la Historia encontramos al emperador Carlos II, un rey controvertido, enfermizo, incapaz de asumir las funciones que se esperaban de él, un hombre que deambulaba por las noches por el palacio, con fama de incapacidad mental por lo que tuvo que apoyar las funciones en sus valídos; también encontramos a su madre la reina Mariana de Austria, una mujer temperamental, fría, aunque muy buena política al decir de los cronistas, que protagonizaba frecuentes enfrentamientos con su nuera, Ana de Neoburgo, por la dirección de la política, y cuya preocupación era hallar un heredero a la Corona. También encontramos al confesor de la reina Juan Everardo Nithard, un hombre siempre metido en intrigas políticas por intereses personales hacia la corte y hacia la Iglesia.

Asímismo encontramos reseñas de famosos piratas de la época como Edward Davis, Lionel Waffer, Bartolomew Sharp, de los que se desprenden sus equivalentes históricos novelados en la trama. Y junto a ellos hallamos a nuestros protagonistas, reflejados en una lejana realidad del autor, un puñado de amigos, entre ellos el personaje principal y su enamorada novia, que harán un viaje de fin de curso que determinará su futuro, junto a personajes imparciales que acompañan a estos protagonistas en alguna escena, además de miembros de una mafia organizada que pone el punto de tensión a los capítulos.
Nerea Abad: Muchas gracias por haber venido hasta nuestro pueblo. Un placer...
Fernando G.F.: gracias a vosotros por esta oportunidad y por contar conmigo para este evento en vuestras fiestas que espero estéis disfrutando al máximo, y gracias a todos los presentes por acompañarme esta noche en esta presentación.
        Terminado el compromiso de la firma de ejemplares entre los asistentes y lectores presentes en el lugar, este escritor tuvo el honor de actuar como padrino del Concurso de Relatos Cortos, entregando los premios a los afortunados ganadores elegidos por un jurado de valoración, poniendo el punto final a esta jornada tan especial que dejará un brillante recuerdo en nuestra memoria, tanto de los momentos celebrados en los festejos, como de aquellos que hemos aprovechado para brindar con los amigos, representantes y responsables, deseando que en el futuro podamos continuar repitiendo este encuentro en nuevas ocasiones, con la misma satisfacción y espíritu de cariño y amistad... Gracias.
Ávila, 23 de agosto de 2019.


viernes, 19 de julio de 2019

Dedicatoria a Cristina Moyano, de Argentina


          
          Llevo 40 años escribiendo. Los sentimientos que provocan las letras en las personas, especialmente en aquellas que son más sensibles a los libros, a la cultura, al ideal de adornar la vida con esas letras, son tan especiales como las obras que a veces tratan de emular esos sentimientos... Quiero cumplir con una de esas personas y dedicar este poema a Cristina Moyano, de Argentina, para que se haga realidad su sueño de que un escritor le dedique un poema..., tu sueño se ha cumplido, Cristina... para tí... (Obra Reflejos de Nostalgia,  poema nº 18.- Autor: Fernando G.F.)


XVIII

Para mi amiga Cristina Moyano, de Argentina

Estoy viendo a una sirena
soñar más allá del mar
estoy mirando una estrella
suspirando en la inmensidad,

este guerrero tan lejano
que te muestra su lealtad
su pluma estaba llorando
para hacer tu felicidad,

creando trazos caprichosos
que dibujan su voluntad
tus sueños más ambiciosos
marcarán mi realidad,

estas letras que te cantan
con deleite y con cariño
quieren ver a la princesa
cumplir un sueño argentino,

con la sangre de su pluma
con la fuerza de su corazón
más allá de los mares
donde nace tu ilusión,

donde se pierde la vista
donde va a dormir el sol
que estas letras te enamoren
con ternura y emoción.

Ávila, 26 de junio de 2019


lunes, 24 de junio de 2019

AQUEL CÁDIZ DE 1702 V




La batalla.

            El gobernador del Puerto de Santa María en aquellos momentos es D. Diego de Espino y de la Guardia, que se encontraba enfermo y postrado en la cama. Aguantó hasta el último instante en la ciudad, negándose a abandonarla ante la presencia de las tropas enemigas, para marcharse. Por tanto, las primeras medidas defensivas han de ser adoptadas por el corregidor de la Rocha. Se procede a sacar de un navío anclado en el Guadalete 6 cañones con sus cureñas, que se llevarán a Santa Catalina, y otros 6 más que se llevarán a la boca del río y la barra, para protegerlo con defensas de fuego. Al castillo de Santa Catalina llegan 8 cajones de balas de mosquete y arcabuz, que pidió el comandante D.  Después, se forma una cuadrilla con 20 hombres para vigilar a los enemigos desde posiciones avanzadas.


            Desde lo lejos se acercan unos 13000 infantes aliados armados y listos para combatir. Se decide abandonar urgentemente la ciudad del Puerto, para poner a salvo a la gente. Nutridos grupos de vecinos se encaminan hacia el campo de la Victoria, hacia el este de la ciudad, debiendo separarse padres e hijos, maridos de esposas, en un escenario de dolor y lágrimas, mientras dejan atrás sus casas y sus bienes, logrados en toda una vida. También los clérigos y las monjas de los monasterios han de ser evacuados inmediatamente, ante la amenaza que supone permanecer allí.


            El saqueo del Puerto de Santa María comienza el día 2 se septiembre, y duraría hasta el día 7 del mismo mes, pero no lograban invadir el resto de las ciudades, ni tampoco atraerse a su causa al pueblo andaluz, una de las misiones prioritarias impuestas como razón de aquella guerra, quizá porque entre otras cosas, el Capitán General había decretado que ejecutaría a todos los traidores a la patria, y porque cuando los aliados entraron en las localidades, estaban abandonadas. Los invasores se vieron obligados a construir puentes en el Guadalete y en el río San Pedro, para poder atacar y ocupar Puerto Real, que se hallaba abandonada. Su gobernador, desoyendo las órdenes de Villadarias, trató de negociar con los enemigos, por lo que más tarde sería juzgado y ejecutado en la horca.


            Entre el 9 y el 16 de septiembre se ataca Matagorda desde Puerto Real, con un ejército de 3200 hombres, que atraviesa el puente de Suazo, pero la artillería de la plaza unida a la de algunos barcos, les obliga a retirarse, fracasando en el intento de tomar Cádiz por tierra, en cuyo combate, las milicias españolas les causan más de 600 bajas. Lo mismo ocurre en Jerez, donde su gobernador, D. Bartolomé Leandro Dávila, recibe una carta instándole a la rendición, pero el correo enviado es tomado preso, y se considera ignorada la carta, que es enviada al Capitán General, manteniéndola en secreto. Se habían echado a pique dos navíos en la entrada de Puntales, que fueron unidos con cadenas, a través de pipas flotando a flor de agua, evitando que los barcos enemigos entrasen a puerto. Para ello se aprestan además en la batalla varios galeones, un pontón y una chata armada con 12 piezas de 24 libras.


            El príncipe de Darmstat se encontraba acuartelado en el molino del Salado, a un cuarto de legua de Rota, usado como cuartel general, mientras el duque de Ormond tomaba alojamiento en la casa del almirante D. Bartolomé Gutierrez, quedando el ejército acampado fuera de la villa. Habían cogido prisionero a Francisco de Medina, uno de los dos guardas de a caballo que observaban ocultos a los enemigos, y que fue finalmente quien sirvió de correo para llevar la carta de rendición al gobernador de Rota.


            El 16 de septiembre, se deja una guarnición de 500 hombres en el campamento de Rota, y el ejército aliado se dirige hacia el Puerto de Santa María, donde los enemigos incendian casas y almacenes en Puerto Real, El Puerto de Santa María y Rota, antes de desmantelar, incendiar y volar la torre del castillo de Santa Catalina el día 22. Mientras, Villadarias ataca a las tropas mediante acoso de guerrillas, en su retirada, causando algunas bajas, hasta que viéndose incapaces de lograr su objetivo, la flota aliada abandona la bahía de Cádiz el día 30 de ese mes. Los enemigos bajaban por el Guadalete con esquifes cargados, acarreando todo el botín que habían logrado encontrar en la ciudad y las iglesias, caudales, muebles, objetos litúrgicos, pipas de vino, alimentos y cargamentos guardados en espera de la Flota de Indias, para embarcar hacia América. Al mismo tiempo, en su estancia, habían destruido todos los archivos tanto eclesiásticos como municipales, quemando infinidad de documentos valiosos, que regían la vida del comercio y las leyes en El Puerto. Mucha de la información que no ha llegado hasta nosotros hoy, posiblemente se hallase entre aquellos papeles. Aunque se han dado diversas valoraciones a las pérdidas sufridas en la zona, se calcula que en El Puerto éstas pudieron alcanzar cerca de 12 millones de ducados.


            En el estudio llevado a cabo hasta ahora, se considera que la caída de Santa Catalina se debió principalmente, al hecho de haber sido atacado por tierra y por mar al mismo tiempo, lo cual evitó que sus exiguas fuerzas fueran capaces de defenderse, no habiendo podido levantar eficazmente los fosos y parapetos que les defendiesen del incesante cañoneo al que fue sometido el castillo.


            Cuando finalmente se rindió, se desmontaron sus piezas de artillería, de bronce de 12 libras, que fueron confiscadas, se quemaron sus cureñas en el patio de armas, y la guarnición quedó prisionera en el interior. La fuerza de ocupación aliada se alojó en la fortaleza hasta que se dió la orden de embarque, después de volar su torre con pólvora, destruyéndola.



El final del asalto.


            Finalmente, ante el fracaso de la expedición, y la misión proyectada para la guerra, las tropas invasoras no tienen otra opción que retirarse del combate, pero algo va a precipitar sus planes.


            Una importante noticia llega a oídos del almirante Rooke. La Flota de las Indias, ha entrado en Vigo ante la imposibilidad de dirigirse a Cádiz. El magnífico botín ansiado por los invasores, está por fin en casa, y solo tienen que lanzar su flota de guerra tras su presa, para lograr tomarlo.


            Las noticias comienzan a confirmarse. Se da la orden de leva, no sin antes atacar por última vez el castillo de Santa Catalina con todas las fuerzas navales y terrestres, que finalmente acaba capitulando el día 2 de septiembre, aún a pesar de la prohibición del gobernador. El Capitán General Villadarias, se ha retirado a su hacienda de Buena Vista, situada a una legua del Puerto de Santa María, en el camino de Jerez.


            La llegada de la Flota de Indias, con sus bodegas repletas de tesoros de oro y plata, anima a la Armada aliada a cambiar sus expectativas, y abandonan la bahía de Cádiz para dirigirse al norte de la península, protagonizando otro episodio más de nuestra Historia, en la ría de Vigo, donde tendrá lugar una encarnizada batalla por apoderarse de tan valiosos cargamentos.

            El resultado de lo acontecido, después de siglos, es objeto de importantes debates históricos. La realidad que arrastraba la indefensión de nuestras costas durante mucho tiempo, la falta de un ejército suficiente y entrenado para la guerra, y la falta de unas negociaciones políticas adecuadas, pudieron ser las principales causas de un capítulo que ha dejado una profunda huella en las páginas de nuestra Historia.


                                                                                Ávila, 31 de julio de 2015.

martes, 16 de abril de 2019


La Leyenda del Capitán (2º edición)

           
           Entrar en la Historia es abrir una puerta apasionante al pasado. Pero en ese pasado no solamente existen sucesos oficiales, pasajes recogidos en libros que estudiarán los muchachos en el colegio de manos de sus profesores. En ese pasado existen rincones y cosas desconocidas que a veces, de forma accidental o pretendidamente estudiada, un día amanecen a los ojos de los investigadores, y por tanto, a los ojos de la humanidad.

            Cuando nos sumergimos en la historia del S. XVII, en el apogeo del Imperio Español, observamos una extraña realidad, un extraño mundo en el que conviven la más extrema pobreza de las clases humildes y el emporio más emblemático y extraordinario de la grandeza de las clases dominantes de la nobleza, que en este momento se vanaglorian de la opulencia que su descendencia les ha trasmitido, a través de la pureza de sangre, para ser protagonistas de una época que no obstante no les va a durar una gran parte de la Historia.

           Frente a ese escenario tan hermético, tan prepotente y tan poderoso se hallan aquellos que no se conforman con lo que les ha tocado, aquellos que se plantean romper con un destino que consideran injusto, con una suerte que no están dispuestos a admitir a pesar de saber lo que les espera cuando infrinjan las normas de los dirigentes: los filibusteros. En el S. XVII, la Corona española aún posee las tres cuartas partes del planeta bajo el escudo de la corona imperial de los Austrias, como una posesión que se hereda de padres a hijos, para lo cual no importa que los matrimonios se formen entre hermanos, tíos y sobrinas, primos o cualquiera que asegure esa pureza de sangre, y por tanto, esa pureza del poder universal inviolable, que parecía asimilarlos al mismo Dios, y que contribuiría, entre otros errores políticos de la época, a la depreciación de esa realeza decadente.

            Las Flotas de la Carrera de Indias son en este momento la llave que asegura tanto el mantenimiento de esa riqueza como las vías de comunicación con el Nuevo Mundo y con oriente; gracias a ellas, las riquezas inabarcables de aquella tierra robada a los indios a sangre y fuego, continúa alimentando las arcas de la nobleza castellana más castiza en la península, al tiempo que garantiza su representación en la tierra americana con títulos y posesiones tan grandes, como la ambición que ostentan en sumo grado ante las naciones extranjeras, que observan con agresiva envidia y deseo desfilar los grandes galeones cargados de oro, plata, piedras preciosas y objetos de lujo de países desconocidos, rumbo a los palacios señoriales de los virreinatos y de la corte de Madrid, a pesar de que en la práctica, esas mismas naciones serán más poderosas a través de su comercio y su mentalidad moderna, que la vieja corona de Castilla a través de sus oxidados y equivocados empeños.

            Sin embargo nada ni nadie en este mundo tiene la vida comprada, mucho menos las posesiones materiales que un día dejaremos en el presente al morir, y en ese presente, los piratas ingleses, franceses y holandeses principalmente, entre otros, se comienzan a preguntar qué ocurriría si todo aquel patrimonio se repartiese un poco más equitativamente... Acaba de nacer la nueva piratería de la Edad Moderna en el legado del S. XVII.

            Hacia el año 1620, ante la llegada masiva de franconavegantes de todo tipo y condición, cada uno con una historia personal distinta, cada uno con una motivación, una religión y unos ideales diferentes, confluyen en islas que acogen mirando para otro lado a todo tipo de estrafalarios personajes, que reunidos en rincones como Tortuga, Cuba, Barbados o Jamaica comienzan a planificar atacar no ya los barcos, sino las mismas colonias de donde salen las riquezas que transportan las naves, aquellas que en una ruta atraviesan el istmo de Panamá para llegar al Pacífico, en otras confluyen en sus puertos para reunir la plata de Potosí, y sin pensarlo mucho, asaltan ciudades como Campeche, La Habana, Maracaibo...
            Piratas como Jean David Nau el Olonés, Henry Morgan, Bartolomew Sharp, Bartolomew Roberts alias Bart el Negro, Howel Davis, Basil Ringrose, Edward Teach alias Barbanegra, Benjamín Hornigold, Charles Swan, De Pointis y tantos otros... formaron cofradías de asaltantes de barcos y ciudades donde no se respetaban ni vidas, ni prisioneros ni banderas, en una carrera imparable que solamente ofreció como premisa positiva el conocimiento de nuevos territorios mejorando la geografía, así como la evolución de una mentalidad social y  militar que tuvo que reconocer que el imperio español ni era tan poderoso, ni era tan inaccesible como pretendieron aquellos emperadores del pasado, para aceptar compartir todo un inmenso y extraordinario continente con el resto de las naciones del planeta, que ya han previsto anclar en sus propios territorios.

            Ante esta perspectiva, la Historia se jacta de confesar que no todas las historias han sido contadas, no todos los sucesos han sido conocidos ni todos los avatares relatados. En este punto nace la novela histórica La Leyenda del Capitán para ofrecernos una visión histórica y legendaria de una trama basada en sucesos que sí ocurrieron, en personajes que se miran en las páginas de su relato, en emocionantes escenarios que reflejan aquel brillante y emocionante imperio donde no se ponía el sol, que reflejan las leyendas ocultas a la historia oficial, las rutas de barcos conocidos y desconocidos, de capitanes nunca nombrados, de personajes que solamente existen en la ficción fabricada por el novelista en sus noches de insomnio, para trasmitir al mundo esas letras que secuestran al lector con sus pasajes, con su misterio, con su magia, esas páginas de la historia que solamente aquí conocerá, esos secretos que le invitan a adentrarse en unos capítulos que ya nunca olvidará, ayudándolo a ver el pasado con otros ojos, con otro carisma.

            ¿Qué ocurrió con aquellos tesoros nunca encontrados?, ¿qué ocurrió realmente tras aquellos abordajes y asedios?, ¿dónde están aquellos nombres desconocidos que desparecieron de los libros de Historia?, ¿puede alguien por azar descubrir lo que nadie en el mundo ha sido capaz?, es en este momento cuando la leyenda y la Historia se alían para ofrecer al lector un relato apasionante y lleno de contenido, que lo lleva de la mano cada minuto para hacerlo disfrutar de esas páginas caprichosas que forman La Leyenda del Capitán... bienvenidos a bordo... Gracias.

lunes, 8 de abril de 2019


ENTREVISTA LITERARIA EN RADIO CENTRO (ÁVILA)



                Hace muchos años que escribo. Hace muchos años que a tenor de esas letras, he compartido con el mundo ideas, proyectos e impresiones en calidad de obras de carácter profesional y literario, que llegan a las personas a través de mis libros y a través de mi blog personal.



          Debido a esta trayectoria que desarrollo desde que era un niño de 10 años, he venido realizando entrevistas a lo largo de todo ese tiempo, tanto en televisión cuando era muy joven, como en la radio años después. La última de ellas que he llevado a cabo tuvo lugar el pasado día 24 de enero en los estudios de Radio Centro, en las instalaciones ubicadas en la capital de Ávila, donde tuve el honor de encontrarme con este magnífico equipo de reporteros a través de la invitación de Jose Luis Lázaro, uno de sus miembros y colaboradores que hacen posible que cada día disfrutemos de sus programas radiofónicos en la red de internet.




         Nuestro encuentro estuvo centrado en mi novela histórica LA LEYENDA DEL CAPITÁN, cuya 2ª edición verá la luz en breve publicada por la Editorial Círculo Rojo, y sobre la que tuve el placer de hablar gracias a las preguntas planteadas por nuestro amigo Jose Luís, que junto a su compañera Gloria se interesaron por mi día a día, mi trabajo y mis obras literarias, ayudándome a compartir con nuestros oyentes y lectores una apasionante profesión y una exquisita trayectoria que llevo toda una vida alimentando con mi pluma.



         Desde estas líneas, y desde este espacio personal representado por mi blog, quiero agradecer a este extraordinario equipo, cuyos espacios cautivan a diario a miles de seguidores, la oportunidad de dar a conocer mi trabajo y mis obras gracias a su profesionalidad y su buen hacer, para que no dejen de cautivarnos con sus eventos y su positivo afán de dar a conocer cada día labores y personas que quizá estarían un poco más en la sombra sin su ayuda y su colaboración.



         A través de este artículo deseo animarles para que continúen en la misma línea radiofónica a través de la red mundial, deleitándonos con su dedicación profesional y esos buenos momentos que mejoran nuestra vida, mientras muestran al mundo que nos rodea historias, sucesos y personas que de algún modo forman también parte de ese curioso planeta en el que vivimos, y que ellos, de un modo sutil, agradable y entretenido se congratulan en compartir cada jornada.




         Animo a todo el mundo a que goce de la capacidad de Jose Luis para investigar con sus programas, en los que podremos escuchar la hermosa voz de Gloria destacando en la entrevista histórica realizada para todos, para los que estáis ahí cada día, leyendo y escuchando a quienes vivimos para compartir nuestra labor, ya sea en el aire, en la red o en el papel…. muchas gracias.



         Un cálido saludo a todos los participantes del grupo que ese día me acompañaron en el tiempo que estuve en los estudios de Radio Centro…, desde el corazón de este escritor, desde este rincón personal,  les deseo lo mejor y me ofrezco a colaborar con todos ellos y con su programa en consenso con futuros espacios radiofónicos, especialmente sobre investigación e Historia, que puedan llevar a cabo.



         Un abrazo a todos, amigos, gracias por estar ahí….




Fernando G.F.




lunes, 21 de enero de 2019

¡ÁNIMO JULEN!



Ánimo Julen!

Hoy vuelvo de nuevo a reencontrarme con mi pequeño blog para tratar de compartir mi fuerza y mis esperanzas con la familia del pequeño Julen, en otra jornada que se hace dura y eterna.
Hoy quiero sumarme a través de estas letras, a las miles de personas que viven con el corazón encogido y los ánimos en un puño durante la operación de rescate internacional más triste y más descomunal que jamás he observad, a contrarreloj, para intentar que no decaiga la esperanza, que las lágrimas no empañen otra madrugada más en los noticiarios españoles, amenazando con adornar de crespones negros un artículo más de los que dan vida al blog presente de ese escritor.


        Las horas transcurren lentas, los días se hacen amargos, sopesando si fue el destino o la fatalidad quienes se han aliado en tan aciago trance. Desde la mente de un padre, dese la experiencia de un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que conoce el fundamento de tales trabajos, deseo estar al lado de todos aquellos voluntarios y compañeros que al límite de sus fuerzas, continúan trabajando para que podamos seguir creyendo en los milagros, para que de algún modo, podamos mañana despertar con una sonrisa satisfecha en la cara, pensando que lo imposible también puede suceder, que los esfuerzos valieron la pena… ¡ánimo Julen!, aguanta…


        Con la certeza de que éstas líneas no aportarán más que otro comentario, con la penuria de saber que no ayudarán a retirar arena y escombros en la montaña, para ganar unas horas que se antojan totalmente cruciales, deseo invertir mi fe y mis energías, al margen del destino, de la suerte y de la lógica, en pensar que en unas horas celebraremos con vítores las desgarradoras jornadas que todos esos héroes, venidos de rincones de todo el mundo, están invirtiendo por dotarle a esta historia de un final felíz…, ¡gracias amigos!, ¡gracias compañeros!... ¡ánimo Julen!


Ávila, viernes 18 de enero de 2019

sábado, 19 de enero de 2019

AQUEL CÁDIZ DE 1702 IV



           El 30 de junio de 1701, se había recibido en el cabildo del Puerto de Santa María una carta del marqués de Leganés, en la que ordenaba buscar alojamiento para las milicias de la Compañía de Caballería que estarían al mando del teniente general D. Félix de Vallarón.

            En diciembre de ese mismo año, las galeras de Francia arribaron al río Guadalete para unirse a las que integraban la armada española, con el fin de pasar todo el invierno protegidas con palmas, según las instrucciones del marqués de Montelui, comandante en jefe de las galeras.

            En mayo había jurado como Capitán General, D. Francisco del Castillo y Fajardo, marqués de Villadarias, experto militar que prepara las milicias de infantería y caballería para hacer frente a la amenaza que se cierne sobre el Puerto, preparando a sus soldados para que se hallen listos a ocupar sus puestos de defensa. Había acudido a la ciudad gaditana desde Ceuta, que estaba siendo asediada por fuerzas musulmanas. Dos meses después, en julio, se procede a ordenar el reparto de las armas al cabildo, aunque surgen dudas sobre quién ostentaba la competencia para hacerlo, si las autoridades locales o los capitanes de las milicias. Estas, provenían de ciudades como Jerez, Sevilla y el Puerto, pero se trataba de gente inexperta para la guerra, trabajadores del campo, y se plantea un problema frente a los ejércitos veteranos enemigos, además de hallarse en clara inferioridad numérica.

            La plaza de Cádiz contaba con un buen sistema de murallas, como el Campo del Sur, disponía de cañones nuevos, ayudada por los fuertes de Matagorda y Puntales, bien pertrechados, que cerraban el paso al segundo seno de la bahía, que ofrecía mejor terreno para el desembarco. En cambio, el Puerto de Santa María adolecía de murallas muy antiguas, caídas y derribadas hacía tiempo, sin renovar, tenía barrios fuera del perímetro amurallado, debido al crecimiento de la población, sin proteger, como ocurría en las ciudades de Rota o Jerez. Solamente el castillo de Santa Catalina alcanzaba un nivel suficiente de defensa junto a Cádiz, ante la flota invasora. El duque de Medinaceli había venido descuidando demasiado estas defensas a lo largo de los años, debido entre otras cosas a la mala política económica y la falta de recursos. Ahora era demasiado tarde.

            Cerca del castillo de Santa Catalina se hallaban los baluartes de Fuente Bermeja, y La Puntilla, pequeños, poco artillados y deficientes en sus materiales. No había casi reductos ni parapetos para la gente de guerra, que tuviesen una eficacia realmente buena.


Las fuerzas españolas.

            En 1702, las tropas que entablarían combate en El Puerto de Santa María, en Cádiz, estaban compuestas en principio por los 150 hombres de infantería dirigidos por el Capitán General, marqués de Villadarias, una compañía de caballería compuesta por 30 jinetes al mando de D. Félix de Vallarón, mientras en Cádiz había 300 hombres al mando de un napolitano, el marqués D. Escipión Brancaccio, gobernador de la plaza, unidos a las milicias urbanas de las citadas localidades, que habían sido reclutados para formar en la línea de avance costera, y patrullar la zona en prevención de un ataque.


            Entre los nombres que han llegado hasta nosotros, figura el sargento mayor de la costa, D. Martín Díaz de Mayorgas, encargado de revistar las milicias de Rota y El Puerto de Santa María, el capitán Francisco de Arévalo, que había sido el encargado de vigilar la bahía para ver aparecer la flota invasora, o el cabo de Escuadra de a caballo, Roque Ramos, encargado de comunicar a Villadarias la noticia del avistamiento del ejército enemigo.

            En Rota había una compañía de 60 caballos al mando del capitán D. Juan de Vera, el único oficial, bajo las órdenes de su corregidor D. Francisco Díaz Cano, más tarde acusado de rendir la plaza al enemigo.

            El castillo de Santa Catalina contaba con una defensa de 28 cañones de mediano calibre (8 a 12 libras), el fuerte de Matagorda con 18 cañones similares y 50 hombres de dotación, mientras el fuerte de Puntales contaba con otros 28 cañones iguales. La flota de defensa en primera línea estaba formada por 6 galeras españolas y 3 francesas, además de 3 navíos españoles, que harían frente a la flota si lograba traspasar el primer seno de contención.

            En la bahía de Cádiz, esperaban fondeados 4 bajeles y 6 galeras de Francia, comandadas por el conde de Fernán Nuñez, a pesar de saber que aquellas fuerzas serían insuficientes desde el primer momento. El sargento mayor de Cádiz, D. Francisco Melo, había entregado al barquero Pedro Enríquez municiones para Rota, por haberlo solicitado su gobernador, pero antes de salir, fueron confiscadas para El Puerto de Santa María, por estimarlo más necesario, y que consistían en 500 balas de mosquete y arcabuz, y 4 barriles de pólvora.


Hacia la guerra

            Después de 4 días de navegación desde las islas británicas, y tras detenerse en Lisboa, para recoger al príncipe Jorge de Darmstat, antiguo virrey de Cataluña que habría de representar a la Casa de Austria, la flota aliada llegó a Cádiz sin hallar rastro de la Flota de las Indias, su principal objetivo. Cuando finalmente aparecieron en el horizonte gaditano, el corregidor del Puerto de Santa María, D. Antonio de la Rocha Solís, reunió apresuradamente al cabildo en consejo, decidiendo colocar vigías  para controlar los movimientos del enemigo. Se tocaron las campanas de las iglesias, se encendieron las almenaras de las torres de costa y la gente comenzó a recoger sus enseres, con la intención de abandonar sus casas.

La Flota aliada se reunió acordonando toda la bahía de la ensenada entre Rota y el límite del primer seno de Cádiz, listos a presentar batalla sin previo aviso, aunque no atacaron nada más llegar, puestos que se les presentaban varios problemas... La Armada aliada estaba bajo el mando del almirante George Rooke, que navegaba en el navío Ranelagh, y la infantería de tierra, bajo las órdenes de James Butler, duque de Ormond, que eran asistidos también por el barón Sparr, al mando de las tropas holandesas, y el almirante Allemond, al mando de la flota bajo pabellón de las Provincias Unidas; se trataba de una fuerza de unos 14.000 infantes, sin sumar la tripulación de las naves, con la que alcanzaría un ejército de más de 30.000 hombres.


            La primera noche, los altos mandos de la escuadra tuvieron que hacer consejo de guerra para decidir el mejor plan de ataque. La primera idea de atacar Cádiz inmediatamente fue descartada, porque su artillería era demasiado peligrosa para las naves, al dominar poderosamente el paso. La idea tan fácil que habían tenido de dominar el conflicto y al pueblo, en dos días, les contrariaba de un modo contundente. Tuvieron que hacer aguada para la flota, y en el desembarco, a pesar de estar protegido por la poderosa artillería naval, sufrieron unas cuántas bajas, para lograr llenar apenas unos barriles de agua en una fuente, cerca de la playa de las dunas, cañoneados por las baterías de Santa Catalina y los baluartes cercanos.

            Los ataque llevados a cabo por sus bombardas, apenas causaron unos pequeños daños en la torre principal del castillo, antes de retirarse. Al día siguiente, tuvieron que fondear los bajos para asegurar una cabeza de playa, que no obstante, quedaría demasiado lejos del lugar aconsejable. Cuando por fin lograron hacerlo, pusieron pie en tierra por los Cañuelos, pero un imprevisto temporal les echó muchas lanchas a pique, causándoles muchos muertos, y las operaciones se hacían lentas y dificultosas. Se ordena atacar Rota en primer lugar, para asegurarse el acceso por tierra. El 26 de agosto de 1702, sobre las 10 de la mañana, la flota invasora comienza a bombardear intensamente los baluartes y el castillo de Santa Catalina desde el mar. Echan botes al agua y desembarcan unos 6000 hombres en los barrancos de los Cañuelos, a los que enseguida presentará combate Vallarón con su caballería, pero la enorme superioridad numérica de los enemigos, descarga una cerrada fusilería sobre los españoles, muriendo todos, incluido él.

            Una vez en Rota, los oficiales superiores aliados envían una carta al gobernador de la ciudad, D. Francisco Díaz Cano, y las autoridades del cabildo, invitándoles a rendir la plaza, abrazando la causa austracista. Sin embargo, considerando que es imposible enfrentarse a un ejército como aquél, deciden abandonar la ciudad por la noche, amparados en las sombras, llevándose todo lo que pueden cargar con ellos. Más tarde, Díaz Cano se reuniría con Villadarias para informarle de la pérdida de Rota el 27 de agosto a manos de los invasores, los cuales se beneficiaron del muelle de su puerto para hacer el desembarco con seguridad. Llevaban 2000 caballos frisones y 12 piezas de artillería de campaña.

            Una vez organizado, el ejército enemigo se dirige por tierra hacia el Puerto de Santa María, atravesando los campos del oeste. Desfilando en compañías, avanzaban tocando tambores y clarines militares, con sus enseñas y pendones. El duque de Ormond repite el protocolo, enviando una carta a Villadarias, que la contesta negándose rotundamente a la rendición, y reconociendo como su rey a Felipe V. El duque vuelve a instarle a capitular, a lo que el Capitán General español vuelve a negarse.