lunes, 21 de enero de 2019

¡ÁNIMO JULEN!



Ánimo Julen!

Hoy vuelvo de nuevo a reencontrarme con mi pequeño blog para tratar de compartir mi fuerza y mis esperanzas con la familia del pequeño Julen, en otra jornada que se hace dura y eterna.
Hoy quiero sumarme a través de estas letras, a las miles de personas que viven con el corazón encogido y los ánimos en un puño durante la operación de rescate internacional más triste y más descomunal que jamás he observad, a contrarreloj, para intentar que no decaiga la esperanza, que las lágrimas no empañen otra madrugada más en los noticiarios españoles, amenazando con adornar de crespones negros un artículo más de los que dan vida al blog presente de ese escritor.


        Las horas transcurren lentas, los días se hacen amargos, sopesando si fue el destino o la fatalidad quienes se han aliado en tan aciago trance. Desde la mente de un padre, dese la experiencia de un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que conoce el fundamento de tales trabajos, deseo estar al lado de todos aquellos voluntarios y compañeros que al límite de sus fuerzas, continúan trabajando para que podamos seguir creyendo en los milagros, para que de algún modo, podamos mañana despertar con una sonrisa satisfecha en la cara, pensando que lo imposible también puede suceder, que los esfuerzos valieron la pena… ¡ánimo Julen!, aguanta…


        Con la certeza de que éstas líneas no aportarán más que otro comentario, con la penuria de saber que no ayudarán a retirar arena y escombros en la montaña, para ganar unas horas que se antojan totalmente cruciales, deseo invertir mi fe y mis energías, al margen del destino, de la suerte y de la lógica, en pensar que en unas horas celebraremos con vítores las desgarradoras jornadas que todos esos héroes, venidos de rincones de todo el mundo, están invirtiendo por dotarle a esta historia de un final felíz…, ¡gracias amigos!, ¡gracias compañeros!... ¡ánimo Julen!


Ávila, viernes 18 de enero de 2019

sábado, 19 de enero de 2019

AQUEL CÁDIZ DE 1702 IV



           El 30 de junio de 1701, se había recibido en el cabildo del Puerto de Santa María una carta del marqués de Leganés, en la que ordenaba buscar alojamiento para las milicias de la Compañía de Caballería que estarían al mando del teniente general D. Félix de Vallarón.

            En diciembre de ese mismo año, las galeras de Francia arribaron al río Guadalete para unirse a las que integraban la armada española, con el fin de pasar todo el invierno protegidas con palmas, según las instrucciones del marqués de Montelui, comandante en jefe de las galeras.

            En mayo había jurado como Capitán General, D. Francisco del Castillo y Fajardo, marqués de Villadarias, experto militar que prepara las milicias de infantería y caballería para hacer frente a la amenaza que se cierne sobre el Puerto, preparando a sus soldados para que se hallen listos a ocupar sus puestos de defensa. Había acudido a la ciudad gaditana desde Ceuta, que estaba siendo asediada por fuerzas musulmanas. Dos meses después, en julio, se procede a ordenar el reparto de las armas al cabildo, aunque surgen dudas sobre quién ostentaba la competencia para hacerlo, si las autoridades locales o los capitanes de las milicias. Estas, provenían de ciudades como Jerez, Sevilla y el Puerto, pero se trataba de gente inexperta para la guerra, trabajadores del campo, y se plantea un problema frente a los ejércitos veteranos enemigos, además de hallarse en clara inferioridad numérica.

            La plaza de Cádiz contaba con un buen sistema de murallas, como el Campo del Sur, disponía de cañones nuevos, ayudada por los fuertes de Matagorda y Puntales, bien pertrechados, que cerraban el paso al segundo seno de la bahía, que ofrecía mejor terreno para el desembarco. En cambio, el Puerto de Santa María adolecía de murallas muy antiguas, caídas y derribadas hacía tiempo, sin renovar, tenía barrios fuera del perímetro amurallado, debido al crecimiento de la población, sin proteger, como ocurría en las ciudades de Rota o Jerez. Solamente el castillo de Santa Catalina alcanzaba un nivel suficiente de defensa junto a Cádiz, ante la flota invasora. El duque de Medinaceli había venido descuidando demasiado estas defensas a lo largo de los años, debido entre otras cosas a la mala política económica y la falta de recursos. Ahora era demasiado tarde.

            Cerca del castillo de Santa Catalina se hallaban los baluartes de Fuente Bermeja, y La Puntilla, pequeños, poco artillados y deficientes en sus materiales. No había casi reductos ni parapetos para la gente de guerra, que tuviesen una eficacia realmente buena.


Las fuerzas españolas.

            En 1702, las tropas que entablarían combate en El Puerto de Santa María, en Cádiz, estaban compuestas en principio por los 150 hombres de infantería dirigidos por el Capitán General, marqués de Villadarias, una compañía de caballería compuesta por 30 jinetes al mando de D. Félix de Vallarón, mientras en Cádiz había 300 hombres al mando de un napolitano, el marqués D. Escipión Brancaccio, gobernador de la plaza, unidos a las milicias urbanas de las citadas localidades, que habían sido reclutados para formar en la línea de avance costera, y patrullar la zona en prevención de un ataque.


            Entre los nombres que han llegado hasta nosotros, figura el sargento mayor de la costa, D. Martín Díaz de Mayorgas, encargado de revistar las milicias de Rota y El Puerto de Santa María, el capitán Francisco de Arévalo, que había sido el encargado de vigilar la bahía para ver aparecer la flota invasora, o el cabo de Escuadra de a caballo, Roque Ramos, encargado de comunicar a Villadarias la noticia del avistamiento del ejército enemigo.

            En Rota había una compañía de 60 caballos al mando del capitán D. Juan de Vera, el único oficial, bajo las órdenes de su corregidor D. Francisco Díaz Cano, más tarde acusado de rendir la plaza al enemigo.

            El castillo de Santa Catalina contaba con una defensa de 28 cañones de mediano calibre (8 a 12 libras), el fuerte de Matagorda con 18 cañones similares y 50 hombres de dotación, mientras el fuerte de Puntales contaba con otros 28 cañones iguales. La flota de defensa en primera línea estaba formada por 6 galeras españolas y 3 francesas, además de 3 navíos españoles, que harían frente a la flota si lograba traspasar el primer seno de contención.

            En la bahía de Cádiz, esperaban fondeados 4 bajeles y 6 galeras de Francia, comandadas por el conde de Fernán Nuñez, a pesar de saber que aquellas fuerzas serían insuficientes desde el primer momento. El sargento mayor de Cádiz, D. Francisco Melo, había entregado al barquero Pedro Enríquez municiones para Rota, por haberlo solicitado su gobernador, pero antes de salir, fueron confiscadas para El Puerto de Santa María, por estimarlo más necesario, y que consistían en 500 balas de mosquete y arcabuz, y 4 barriles de pólvora.


Hacia la guerra

            Después de 4 días de navegación desde las islas británicas, y tras detenerse en Lisboa, para recoger al príncipe Jorge de Darmstat, antiguo virrey de Cataluña que habría de representar a la Casa de Austria, la flota aliada llegó a Cádiz sin hallar rastro de la Flota de las Indias, su principal objetivo. Cuando finalmente aparecieron en el horizonte gaditano, el corregidor del Puerto de Santa María, D. Antonio de la Rocha Solís, reunió apresuradamente al cabildo en consejo, decidiendo colocar vigías  para controlar los movimientos del enemigo. Se tocaron las campanas de las iglesias, se encendieron las almenaras de las torres de costa y la gente comenzó a recoger sus enseres, con la intención de abandonar sus casas.

La Flota aliada se reunió acordonando toda la bahía de la ensenada entre Rota y el límite del primer seno de Cádiz, listos a presentar batalla sin previo aviso, aunque no atacaron nada más llegar, puestos que se les presentaban varios problemas... La Armada aliada estaba bajo el mando del almirante George Rooke, que navegaba en el navío Ranelagh, y la infantería de tierra, bajo las órdenes de James Butler, duque de Ormond, que eran asistidos también por el barón Sparr, al mando de las tropas holandesas, y el almirante Allemond, al mando de la flota bajo pabellón de las Provincias Unidas; se trataba de una fuerza de unos 14.000 infantes, sin sumar la tripulación de las naves, con la que alcanzaría un ejército de más de 30.000 hombres.


            La primera noche, los altos mandos de la escuadra tuvieron que hacer consejo de guerra para decidir el mejor plan de ataque. La primera idea de atacar Cádiz inmediatamente fue descartada, porque su artillería era demasiado peligrosa para las naves, al dominar poderosamente el paso. La idea tan fácil que habían tenido de dominar el conflicto y al pueblo, en dos días, les contrariaba de un modo contundente. Tuvieron que hacer aguada para la flota, y en el desembarco, a pesar de estar protegido por la poderosa artillería naval, sufrieron unas cuántas bajas, para lograr llenar apenas unos barriles de agua en una fuente, cerca de la playa de las dunas, cañoneados por las baterías de Santa Catalina y los baluartes cercanos.

            Los ataque llevados a cabo por sus bombardas, apenas causaron unos pequeños daños en la torre principal del castillo, antes de retirarse. Al día siguiente, tuvieron que fondear los bajos para asegurar una cabeza de playa, que no obstante, quedaría demasiado lejos del lugar aconsejable. Cuando por fin lograron hacerlo, pusieron pie en tierra por los Cañuelos, pero un imprevisto temporal les echó muchas lanchas a pique, causándoles muchos muertos, y las operaciones se hacían lentas y dificultosas. Se ordena atacar Rota en primer lugar, para asegurarse el acceso por tierra. El 26 de agosto de 1702, sobre las 10 de la mañana, la flota invasora comienza a bombardear intensamente los baluartes y el castillo de Santa Catalina desde el mar. Echan botes al agua y desembarcan unos 6000 hombres en los barrancos de los Cañuelos, a los que enseguida presentará combate Vallarón con su caballería, pero la enorme superioridad numérica de los enemigos, descarga una cerrada fusilería sobre los españoles, muriendo todos, incluido él.

            Una vez en Rota, los oficiales superiores aliados envían una carta al gobernador de la ciudad, D. Francisco Díaz Cano, y las autoridades del cabildo, invitándoles a rendir la plaza, abrazando la causa austracista. Sin embargo, considerando que es imposible enfrentarse a un ejército como aquél, deciden abandonar la ciudad por la noche, amparados en las sombras, llevándose todo lo que pueden cargar con ellos. Más tarde, Díaz Cano se reuniría con Villadarias para informarle de la pérdida de Rota el 27 de agosto a manos de los invasores, los cuales se beneficiaron del muelle de su puerto para hacer el desembarco con seguridad. Llevaban 2000 caballos frisones y 12 piezas de artillería de campaña.

            Una vez organizado, el ejército enemigo se dirige por tierra hacia el Puerto de Santa María, atravesando los campos del oeste. Desfilando en compañías, avanzaban tocando tambores y clarines militares, con sus enseñas y pendones. El duque de Ormond repite el protocolo, enviando una carta a Villadarias, que la contesta negándose rotundamente a la rendición, y reconociendo como su rey a Felipe V. El duque vuelve a instarle a capitular, a lo que el Capitán General español vuelve a negarse.

sábado, 6 de octubre de 2018

ANDAR EL CAMINO


ANDAR EL CAMINO...

Muchos éramos tan solo muchachos cuando aceptamos nuestro compromiso... quizá no entendíamos del todo lo que nuestro país nos pedía... Dijimos que estaríamos allí, desde el primer día. Prometimos aceptar los retos, los sacrificios, los trabajos, el destino incierto. Prometimos ir a donde nos pidiesen, cumplir la palabra dada, uniéndonos a los demás. Al tomar una mochila, miramos a nuestras madres, a nuestros hermanos y comenzamos a sentir que hacíamos lo correcto, que aquello era lo que hacía falta hacer, que España nos necesitaba, que nos necesitaban todos y crecimos por dentro y por fuera, aprendimos a sofocar las lágrimas con el coraje, y entonces nos dimos cuenta de que no estábamos solos, que todos estábamos juntos, caminando bajo la lluvia y que habíamos nacido para ello... y vimos al mundo sonreír cuando nos miraba... somos soldados y volvimos a recordar nuestra promesa... nosotros defenderemos a nuestro pueblo y a nuestro país.... 

Fuerza y Honor!



viernes, 5 de octubre de 2018

ADIÓS COMPAÑEROS...


ADIÓS COMPAÑEROS…

“Dedicado a mis amigos y compañeros del Puesto de la Guardia Civil de Ávila”

        
       Solo pasamos una vez por la vida, solo recorremos una senda hasta el final y no solemos tener muchas oportunidades de elegir cómo será y qué ocurrirá en élla. Cuentan desde siempre que ese camino es tan corto que cuando comenzamos a aprender en él, es demasiado tarde para obtener partido de sus incógnitas más difíciles, de sus trampas más complicadas, pero hasta en las peores cruzadas hallaremos momentos que podrían compensar las peores cicatrices, las más dolorosas derrotas, los pensamientos más crueles o los sentimientos más tristes anclados en algún capítulo de nuestra historia.

        Para este autor ese momento tuvo lugar el 2 de octubre de 2018…

     
      Todas las profesiones especializadas tienen su misterio, su mérito y su dificultad, todas las trayectorias guardan lágrimas y trofeos, pero existe una profesión especialmente diseñada para unir a los hombres bajo algo más que un ideal, bajo algo más que un símbolo, bajo algo más que una bandera: las Fuerzas Armadas y dentro de ellas, la Guardia Civil española.

        Llevo en este momento un cuarto de siglo trabajando dentro de una gran Unidad que me convierte en policía, soldado y militar de la OTAN, una Unidad importante dentro de un Cuerpo especialmente importante, y dentro de ella encontré algo mucho más relevante que una profesión, encontré una familia de amigos y compañeros que se convirtieron en la mayor razón para vivir dentro de los años que recuerda mi memoria, en la mejor apuesta por la vida que un guerrero, acostumbrado a echar un pulso con la melancolía y con la muerte, podría soñar con llevar a cabo. Ese trofeo lo hallé entre los brazos del Haz de Líctores, la mejor carta de presentación con que un soldado podría mostrarse ante el mundo y sentirse orgulloso de lo que es, de lo que hace, pero todo en esta vida tiene un precio...

        Todos aquellos amigos que compartieron conmigo tantos años, tantos días, tantas noches de insomnio, tantas millas gastadas, tantas alegrías y tristezas, tantas esperanzas e incertidumbres, tantos riesgos y tantas dudas, tanta fuerza y tanta hermandad, se iban a alejar de mi vida para siempre, sin apenas sospecharlo, casi de un día para otro, aunque ellos decidieron en el último minuto valorar a este caído soldado con mucho más corazón de lo que el mundo y el destino lo han hecho jamás, eligiendo despedirme con un impresionante homenaje, por sorpresa, para recordarme que sigo siendo uno más de todos ellos, que seguimos todos
juntos, todos unidos por el mismo uniforme, por los mismos recuerdos, por un mismo sentimiento de grandeza y hermandad, por un mismo sentimiento de valor y fidelidad, comprometidos con una causa común que justifica estas letras, que justifica una vida y una filosofía personal y extraña que solamente comprenden los que están dentro, que compensa con su existencia todos los males que la suerte, la fatalidad o la desgracia puedan llegar a sembrar en el camino de este guerrero herido mortalmente en la plenitud de su vida, que siempre les llevará en su mente y en su corazón para siempre, se hallen donde se hallen, por muchos avatares que se empeñe en fabricar la vida, por mucho tiempo que la Historia pueda contar en libros viejos, porque estando todos juntos somos invencibles, porque estando todos juntos estamos escribiendo las páginas de nuestro relato, estamos comprando la eternidad…

        A todos esos compañeros de batallas… gracias, amigos.

                                                               Fernando G.F.
       

miércoles, 25 de abril de 2018

LA LEYENDA DEL CAPITÁN: el marco histórico II.


           Buenos días, seguidores, lectores, admiradores..., aunque ha pasado mucho tiempo desde que apareció por primera vez mi novela histórica LA LEYENDA DEL CAPITÁN, hoy deseo continuar hablando de ella, especialmente por el éxito y la repercusión que sus letras han venido teniendo en la literatura a nivel mundial, precisamente en el momento en que está a las puertas su 2ª edición, preparada para ser lanzada por mi Editorial Círculo Rojo.

          En la LA LEYENDA DEL CAPITÁN vamos a conocer ese mundo tanto en la península como en el continente americano, a través de los ojos de su protagonista, viajando y luchando con él en distintas batallas, acompañando a las flotas, adentrándonos en un mundo que va a cambiar, lleno de intrigas, de amenazas y de controversias. 

        También asistiremos en la época actual al papel que desarrolla un grupo de amigos que destapará sin saberlo un secreto que ha permanecido oculto a los hombres casi 400 años, en un ambiente que aporta escenarios de humor y románticos a la trama, donde aparecen grupos organizados mafiosos que persiguen el mismo objetivo que el protagonista secundario va a tener en sus manos de una manera accidental.

          En la obra destaca el estudio de la geografía antigua, ya desaparecida,  el trabajo sobre navegación, astronomía y el modo de vida cotidiana de la época, fruto de la colaboración con el departamento de Patrimonio del Puerto de Santa María, sin cuya ayuda no hubiera podido escribir con tanta precisión los escenarios auténticos del lugar y la época.

          A día de hoy sabemos que existen realmente más de 300 pecios solamente en el Caribe, no encontrados, que se hundieron con sus cargamentos de oro, plata y joyas, algunos valorados en más de 14.000 millones de euros. Otros fueron enterrados tierra adentro por no poder ser trasportados, y sus vestigios continúan desafiando a aventureros y cazatesoros de todo el mundo, que siguen intentando hallar sus lechos. Esta obra es una de estas aventuras, llena de intriga, misterio y suspense, que suelen dejar una pequeña huella en la mente de sus lectores, una obra que te obliga a pensar, que te empuja a sentir ante uno de los mayores misterios históricos de nuestra existencia.

            Quizá solamente gracias a la arqueología y al esfuerzo diario de esos arqueólogos, estudiosos, investigadores históricos y escritores, podríamos afirmar que hoy día podemos desvelar una gran parte de nuestro pasado, de la brumosa existencia de capitanes piratas y corsarios que debían conservar, mediante su fuerza y su liderazgo, la única ocasión que tendrían de hacerse ricos de una manera cómoda, antes de colgar de una soga, una vez que fueran capturados.



             Entre algunos de los más famosos que realmente podemos confirmar que existieron, se hallan el corsario al servicio de la reina Isabel I de Inglaterra, Francis Drake, el famoso William Dampier, el asesino impío William Kidd, quizá el más famoso de todos y cuyo legendario tesoro jamás ha sido hallado, junto a otros menos conocidos como Lionel Wafer, que se unió al también mundialmente famoso Edwuard Teach, alias Barbanegra, o el legendario Bartolomew Roberts, al que le gustaba negociar con los vencidos y perdonarles la vida...


             A día de hoy, solamente a través de los manuscritos conservados en archivos históricos, o en novelas especializadas, podemos conocer sus vidas, sus leyendas y sus aventuras, muchas de las cuales rozan la fantasía, a pesar de haber sido toda una realidad...


                


miércoles, 21 de marzo de 2018

HÉROES SIN NOMBRE


HÉROES SIN SOMBRE


  C
uentan que la mayoría de los héroes nunca deciden su destino, sino que una especie de azar desconocido, toma la iniciativa de hacerles grandes y eternos, simbolizando una carrera entre los hombres que bien valdría un buen guión en las carteleras que reproducen los mejores relatos literarios y cinematográficos de la Historia.

        El pasado día 18 de marzo nació otro héroe entre las Fuerzas Armadas de la Guardia Civil, otro hombre que seguramente no había decidido dejar su vida en un servicio de rescate a una pareja que cayó al río en Guillena (Sevilla), con objeto de salvarles, pero ese imaginario destino, decidió por él...

        Desde éste rincón del universo, deseo hacer un pequeño pero importante homenaje al Cabo 1º de la Guardia Civil, D. Diego Díaz Díaz, de 53 años y natural de Antequera, que dejó su vida voluntariamente en acto de servicio, deseando que su nombre y su memoria prevalezcan eternamente, porque se ha ganado ese derecho con tan sublime sacrificio, para ocupar un lugar entre los héroes, con su trabajo y su entrega, cuyo precio no se puede superar en ninguna subasta.


        Mi más sincero pésame a la familia de tan insigne compañero, por su valor y su coraje en el desempeño del servicio, que ayuda a los demás a que el uniforme que llevamos con tanto orgullo, brille aún mucho más con luz propia cada día.
                                               Gracias, Diego, Fuerza y Honor!


                                                              




domingo, 18 de marzo de 2018

ABRÁZAME EN SILENCIO...


       Hermosa esposa, bella compañera, eficaz amante... solamente la miel de tus labios alimenta mi corazón, más que un banquete el estómago de un rey...., consciente de que nuestro tiempo es un sueño imposible que busca un pequeño rayo de felicidad rompiendo las reglas, una vanalidad de nuestros espíritus rebeldes e insensatos, que pugnan por hallar emociones sublimes en un mundo vacío y hostil que nos atrapa contra nuestra voluntad, mientras nos preguntamos eternamente a través de la mirada, por qué un lejano día, en otro momento y en otro escenario, el amor no nos hizo más merecedores de nuestros besos…