viernes, 26 de abril de 2013

MENSAJE DE UN AMIGO.

Hoy voy a desviarme un poco de mi labor como escritor e historiador, para compartir con todos mis lectores una demanda de mi amigo Manuel Quero Oliván, que se halla enfrascado en una cruzada por salvar el castillo de Santa Catalina, en Tarifa, de la destrucción que toda esta morralla politica viene protagonizando contra España, cuestión que nos obliga a preguntarnos, hasta dónde vamos a ser capaces de soportar que nos pisen y nos insulten, cuánto más hemos de soportar por parte de toda esta raza de degenerados y defenestrados, que suponen para nuestro país todo un grupo organizado de terrorismo contra su pueblo y contra los principios constitucionales que siempre nos han amparado. Os dejo su  mensaje, cada uno que lo valore e interprete a su manera....

"Estimado amigo Fernando: Como verás si visitas mi muro, llevo una campaña para impedir que los “señores del ladrillo y corruptos políticos” ayuden a derribar el castillo de Santa Catalina. Este emblemático castillo, construido para Semáforo Marítimo (el primero que se construyó en España) allá cuando gobernaba la segunda república (aunque la izquierda lo quiere tirar por franquista), fue hace años catalogado como bien protegido al ser catalogado como BIC.

Ahora bien, el obsesivo interés de un par de analfabetos alcaldes (uno del PP y otro del PSOE) está porque se derruya y haga allí una serie de edificios de dudoso interés salvo el de la mera especulación urbanística. Nuestro interés, el del pueblo y el de la Asociación Amigos de los Museos de Tarifa, es el de reaprovechar dicho edificio para colocar allí un museo marítimo. Tenemos los medios, el material museístico, el personal adecuado y, llegado el caso, hasta su financiación.

Actualmente, como se hicieron una serie intervenciones urbanísticas en contra de lo estipulado para ese lugar (lugar declarado como Bien de Interés Cultural) se encuentra denunciado el hecho y pendiente de juicio desde hace ya SIETE AÑOS. Como quienes están inculpados son políticos del PSOE y gente del ladrillo cercana a la Junta de Andalucía, el caso “duerme” en el juzgado hasta… que llegue alguien y retire las dos denuncias interpuestas, una por parte del Ayuntamiento y otra por parte de una asociación cultural que se autoproclama como defensora de la cultura y el patrimonio. Pues bien, este alcalde, del Partido Popular por más señas, ha traicionado (nuevamente) a sus votantes... y, cómo no, a todo un pueblo.

En esta ocasión, y por “presuntos” oscuros intereses “, se ha unido al equipo político anterior (del PSOE) en su intención de derribarlo. Aquí hemos pedido por activa y pasiva QUE DÉ LA CARA Y LO DESMIENTA, pero este tipo, charlatán y embaucador donde los haya, que ha militado en CUATRO partidos políticos diferentes (IU, PA, TAIP y PP) y que, ahora, se está preparando él solito méritos para ser el próximo alcalde de Tarifa en el PSOE, pues eso, que ha dado un bandazo a la izquierda y se ve que ha caído en brazos de los especuladores.

Si alguien duda sobre los fines que tiene este señor y su contubernio político, que nos aclare si es cierto o no que se ha llegado a un “pacto” para retirar los cargos en el juicio que hay abierto en el ya tristemente famoso “Caso Santa Catalina”, que lleva como ya he dicho SIETE AÑOS “durmiendo” a la espera ¿de qué? Pues está claro: De que alguien quiera sacar tajada y, tras retirar la denuncia, libre a los inculpados y por ahora presuntos criminales, de ir a la cárcel. Políticamente, nos tememos también, que este sea su pasaporte para volver a ser nuevamente alcalde de Tarifa… pero próximamente bajo las siglas del PSOE.

De la claramente oscura trayectoria política de este alcalde, absolutamente TREPA, aquí a nadie le cabe la menor duda. A esto hay que unir el tremendo fracaso en estos últimos días en un proyecto personal presuntamente turístico con el cual este señor nos quería meter intereses islámicos poco menos que con calzador y que, al parecer y sabiamente, alguien de “arriba” le ha tirado para atrás. Y nos preguntamos: ¿Se estarán dando cuenta realmente en las altas esferas del Partido Popular sobre las ya claras intenciones de este individuo trepa y le estarán parando los pies? Ojala así sea por el bien de todos los tarifeños, sean del partido político que sean.

No obstante, utilizando esta herramienta que es facebook, te ruego me hagas el favor de darle la mayor difusión, así, de esta forma, es posible que logremos parar el derribo de un edificio tan histórico como emblemático en el ambiente marítimo nacional e internacional."

domingo, 7 de abril de 2013

BUCANEROS Y FILIBUSTEROS I


            Cuando España descubrió oficialmente las costas de América, en 1492, abrió sin apenas darse cuenta una puerta a otra dimensión social al mismo tiempo que geográfica y comercial, que no solamente le iba a procurar beneficios en oro, sino también perjuicios astronómicos en vidas y sangre. No se trataba de una lucha de poder, ni de influencias ni de ideas religiosas, sino de un nuevo orbe de mentalidad que sacudiría al planeta en todos sus conceptos conocidos y por conocer.

            En el momento en que España centró su atención en unas zonas, dejando otras tan ricas e importantes como las primeras, de lado, indefensas y sin protección, el resto de los países europeos aprovechó aquella falta de vigilancia o de control, para lanzarse a saco sobre islas y costas que eran un filón extraordinario, tanto en el sentido estratégico como en el económico. Debió ser hacia 1580 más o menos cuando, a la zaga del francés Jean D’Ango, Drake y Hawkins lo siguieron por la misma senda, usando de la piratería en lugar de la negociación, para hacerse con los ricos productos y beneficios que significaba el Nuevo Mundo.


            Sin embargo, trascurrido todo el siglo XVI con algunas acciones esporádicas, entró el siglo XVII con el desarrollo de las naciones secundarias y por lo tanto, sus flotas, más numerosas, más poderosas, más preparadas e informadas de los adelantos en navegación y geografía, que alentados por las noticias que llegaban desde el otro lado del charco, se hacían lenguas de sus riquezas, por lo que no lo dudaron un instante. Levaron anclas para hacer una nueva conquista de América, casi en los mismos términos que ya la habían hecho los españoles con los indígenas más de cien años antes.

            La acción de los temidos Hermanos de la Costa, que hasta finales del siglo XVI ayudaron a los gobiernos de Francia, Inglaterra y Holanda a contrarrestar el poderío naval y militar español, como vasallos, llamados corsarios, se volverá pocos años después contra sus propios países para transformarse en una clase nueva y distinta de enemigos, que no se arrodilla más que ante la fascinación del oro.

            Hacia 1620, momento en el que ya se están fraguando las ideas por las que nace la organización pirática, había ocurrido un suceso que muchos historiadores han calificado como uno de los mayores errores de la Historia de América, por parte de España, y por ende, de la historia del imperio español, cuyas consecuencias pagarían las colonias y los barcos con pabellón español, a un precio tan alto que aún en pleno siglo XXI, estamos asistiendo a sus efectos.

            Muchos de los proscritos que había generado el fin de la guerra con diversos países, y que quedaron sin ocupación cayendo en la mendicidad, además de las huidas por razones de religión o por reclamaciones de la justicia, pululaban por puertos como La Rochelle, Dieppe, Londres o Irlanda en busca de un incierto destino, que frecuentemente acababa al extremo de una soga cuando eran encontrados o engañados por la misma justicia; con suerte algunos de ellos se embarcaban de nuevo para sufrir una vida de malos tratos y penalidades a bordo, por una paga miserable, lo que a menudo les empujaba al abandono de sus naves o la deserción, si se trataba del ejército. Otros, estaban motivados por razones económicas, políticas o relacionadas con determinados enigmas insertos en sus lamentables existencias, pero una buena parte de ellos, entre los que figuraban los famosos bondsmen, los esclavos blancos al servicio de las colonias inglesas y francesas, al marcharse, coincidieron en algunas islas del Caribe, a las que España no hacía el más mínimo caso, por lo que aquellos proscritos se fueron instalando en ellas, para adaptarse a comenzar una nueva vida, tranquila y en libertad, donde sobrevivían cazando algunos animales y fabricando utensilios o herramientas caseras con sus propias manos, una de las cuales fue famosa por estos hechos, La Española.


            Con el tiempo se organizaron de una manera algo más estructural y crearon una especie de línea comercial, con los barcos que obligados por las largas travesías, tenían que recalar o abastecerse en las islas ocupadas por ellos, para hacer aguada o embarcar madera y carne o frutas frescas, de lo que las islas poseían en abundancia, y que los nuevos inquilinos les procuraban a los navíos de manera cómoda, ahorrando esfuerzos y peligros, cuando se lo llevaban a la playa, a cambio de ropas, pólvora, ron, herramientas, armas o elementos traídos de las metrópolis, razón por la que tuvieron un gran éxito.

            Aquellos hombres sin patria habían aprendido de los indios arawakos a ahumar la carne, para después salarla, haciendo que durase mucho más tiempo, y por ello nacieron los bucaneros, que proviene de la palabra bucan, que significa carne ahumada.

            Entre las islas habitadas por los bucaneros, además de la mencionada Española, estaban Martinica, Curaçao, la isla de la Vaca, Santa Catalina (Providencia), Aruba, Guanaja, Tortuga y otras, en las cuales el imperio no había valorado ni los recursos naturales de la mayoría de ellas, y que gozaban a un nivel excelente, ni su situación geoestratégica en las Antillas, pero que para estos hombres significaba una oportunidad para vivir alejados de leyes impuestas, habitualmente injustas con los más pobres, o de protocolos o vicios mundanales fabricados por personajes aventajados.

            Sin embargo, como nada es para siempre, aquel paraíso tocaba a su fin, y en la corte de Madrid descubrieron que los bucaneros se estaban enriqueciendo comercialmente, infringiendo la prohibición española de asentarse en sus posesiones sin autorización, al margen del monopolio dictado por la Casa de Contratación y el Consejo de Indias, por lo que decidieron encargar al almirante D. Fabrique de Toledo Osorio (1580 – 1634), que organizase una poderosa flota de varios galeones de guerra, con varias compañías de infantería al mando de un grupo de capitanes, que atacaron a los bucaneros en sus bases de La Española, diezmándoles y destruyendo sus campamentos, en virtud de una estrategia que les envolvió, rodeándoles, y les atacó por varios frentes en columnas, desunidos como estaban no pudieron ofrecer mucha resistencia, ante lo cual, tuvieron éstos que huir y comenzar de nuevo, haciéndolo en Jamaica y Tortuga principalmente; fue en esta última donde nacerían los filibusteros.

sábado, 2 de marzo de 2013

EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ). II

La aristocracia vasco-navarra ocupaba lugares privilegiados en los cargos de la sociedad porteña, siendo frecuente que fueran miembros del gobierno municipal. Entre los palacios de la nueva nobleza comercial podemos encontrar a los Reinoso Mendoza, Rivas, Oneto, Vizarrón, Araníbar, Voss, Villareal y Purullena, entre otros. Los montañeses mantenían un fuerte gremio comercial en la ciudad, y solían tener constantes pleitos con las autoridades por sus frecuentes intentos de eludir las obligaciones fiscales.

Estos nuevos ciudadanos eran pequeños comerciantes que tenían empresas de comestibles, tabernas o posadas en El Puerto. Algunos trabajaban como almaceneros de bacalao y semillas, obteniendo altos ingresos que les aproximaban a la burguesía mercantil, ocupando un status importante en la sociedad.


El Puerto de Santa  María formaba parte de la Casa Ducal de Medinaceli desde 1306, aunque fue en 1478 cuando los Reyes Católicos nombraron a su representante, conde de El Puerto de Santa María, cuyo palacio, al decir de algunos investigadores, se localizaba en el centro de la ciudad, supuestamente tras la puerta del Arco, en el lado norte de la muralla que daba acceso a la Iglesia Prioral, donde ahora existen unas bodegas, sin embargo fundaron algunos monasterios, como el de la Victoria, cerca de las inmediaciones del camino de Jerez de la Frontera, y no lejos de las orillas del río Guadalete. Los duques fueron los mejores mecenas de esta ciudad, gracias a los cuales, El Puerto logró importantes excenciones fiscales y comerciales, que les impulsaron a su crecimiento y su grandeza.

Hacia finales del siglo XVII, el próspero rincón de la bahía de Cádiz, a la que se está haciendo referencia, destacaba además de por sus corridas de toros, por su excelente vino y por el comercio de aceite. Pero no era lo único que se fabricaba en las riberas del Guadalete. En su orilla izquierda, aparece reflejado en distintos planos antiguos, coincidentes entre ellos, un molino que hacía esquina en la zona noreste, donde también aparece una pequeña ría interior, y que a raíz de los estudios llevados a cabo sobre la ciudad, dedicaría sus funciones a la sal, debido a que toda esta zona ribereña consistía en numerosas salinas, centro de producción industrial ligada a la urbe gaditana, y que fácilmente pudieron exportar, por gozar de una producción importante.

Paralelamente a esto, El Puerto de Santa María debía importar el grano que se consumía en el lugar, debido a que toda esta zona está precisamente caracterizada por una amplia franja de marismas y tierras pantanosas, con lo que consecuentemente no permitían la siembra y recolección de trigo o cebada. Esta materia era importada principalmente de la zona de Marruecos, cuyo grano tenía fama de buena calidad, y en los estudios históricos llevados a cabo, se tiene constancia de varias de las importaciones que algunas saetías o gabarras de carga dejaron en sus muelles a lo largo de este siglo, que como resultado del aumento de población, y el progreso de sus familias de clase media y alta, resultaban escasos.

Uno de los mejores planos recogidos sobre la ciudad, donde se refleja de manera fiel lo que en ella existía, es el perteneciente a Wingaerden, que lo dibujó en el siglo XVI, y en el que además de casi todos los elementos que en ese momento conservaban del casco urbano, aparecen los elementos del antiguo puente romano que existió en la ciudad, cuyos restos arqueológicos han aparecido hace algún tiempo. En el plano mencionado quedan reflejadas las columnas que sostenían el supuesto único puente sobre el río, y que algunos investigadores, ante la duda, han deducido que sirvieron para amarrar las galeras en el agua. De esto se desprende que el río no gozó de un puente hasta 1738 aproximadamente, en que se construyó el de San Alejandro, constituido por barcas unidas.

La historia de El Puerto de Santa María, está también ligada a la historia de los hechos navales más relevantes, por ello, debido a los innumerables ataques que vino sufriendo a lo largo de su existencia, tenía un cinturón de torres de vigilancia, o almenaras, que junto a patrullas de a caballo y señales de humo, servían para alertar de posibles corsarios. Entre los más famosos está el ataque sufrido en 1587 por parte del pirata Francis Drake, aunque ha quedado en la memoria el ataque inglés en 1596 a Cádiz, por parte del duque de Essex y el que se llevó a cabo en 1625, o el ataque anglo-holandés en 1702 a raíz de la Guerra de Sucesión.

                                                                 
El Puerto de Santa María, que junto a Sanlúcar de Barrameda y Rota formaban la puerta al comercio con las Indias, y era la principal senda por la que discurrían las arterias del oro, plata, piedras preciosas, perlas del mar de Java, lozas chinas, alfombras persas y telas filipinas, además de un abanico de productos y especias interminable, como el índigo, la cochinilla, el añil, la pimienta, el azúcar, ron de caña, tabaco, cacao, te y un largo etcétera, todo transportado a bordo de sus poderosos y magníficos galeones de las flotas de Nueva España y de Tierra Firme,  engrandería a España como potencia mundial, antes de que el destino, forzado por políticas equivocadas y tóxicas nacidas en alcobas cortesanas, tendiera a hundir tan fastuoso imperio en el que "nunca se ponía el sol".

lunes, 4 de febrero de 2013

EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ). I

           Después de que Alfonso X el Sabio tomase posesión de El Puerto de Santa María en 1268, conocida como Al-Qanatir por los musulmanes, y como Alcanate por las tropas cristianas, tras cuatro años de luchas contra el islam, la aldea asentada en el lugar que hoy ocupa la urbe, es tomada y convertida en villa altomedieval cristiana, que crece y se desarrolla en torno al Castillo de San Marcos, mezquita islámica que será transformada en iglesia por el rey, y adaptada a la nueva situación.


            Es a partir de este año, 1268, cuando se construye la primera muralla conocida que tendrá la ciudad, para defenderla de los ataques de los benimerines que llegarán más adelante, que en principio es bautizada como Santa María del Puerto por Alfonso, antes de hacer el repartimiento de la ciudad, tal como consta en la copia existente del Libro de Repartimiento de El Puerto de Santa María, conservado en el Archivo Municipal de ésta ciudad andaluza, y en la que se hace inventario de las tierras, calles y casas dejadas atrás, todo lo cual será patrimonio de distintos personajes que principalmente han participado en las batallas, y que en adelante se les conocerá con el gentilicio de porteños, nombre que más tarde pasará a denominarse portuenses, tal como se les conoce en la actualidad.

            El Castillo de San Marcos será sede del Cabildo del Puerto de Santa María, en el cual funciona el Concejo de la ciudad bajo el mando de sus corregidores, y a finales del siglo XV, principios del XVI, alcanza un auge impresionante debido al impulso del descubrimiento de América, que con el paso de los años lo convertirá en sede de la Casa de Contratación, trasladada de Sevilla a Cádiz; esto ocurre desde el año 1666, aunque no será definitivamente hasta 1717 cuando Cádiz sustituya en esta representación a la institución oficial indiana.

            El Puerto de Santa María fecha el primer mapamundi que incluye América, y durante los siglos XVI y XVII, la ciudad se convierte en base para la invernada de las Galeras Reales, además de Sede de la Capitanía General del Mar Océano, debido a las condiciones especiales que el río Guadalete proporcionan a las naves, aunque hacia 1668 las galeras son trasladadas a Cartagena por orden de la reina, esposa de Carlos II, porque la arena ha provocado que los fondos del río queden embarrancados, con el consiguiente problema de atraque para las naves, para cuya limpieza se cobraba un arbitrio del 2% aduanero sobre las mercancías de desembarco.

            Estas galeras fondeaban frente al Muelle de las Galeras, que formaban la flota que defendía la costa en el Guadalete, y en él había una fuente de la que se surtían los barcos que iban a zarpar. Junto a los muelles estaba también la Ermita de Guía, a la que se encomendaban los navegantes antes de cada expedición.

            La entrada a la bahía que daba acceso al Guadalete, lo defendía el Castillo de Santa Catalina, junto a la ermita del mismo nombre, la principal plaza de defensa, aunque había otras baterías distribuidas por la zona costera. Más adelante estaba la Ermita de San Antón, ya en la bocana del río. Desde las inmediaciones de Santa Catalina salían muchas de las expediciones que partían de la ciudad.

            El Puerto tenía una gran actividad mercantil y naviera, además de contar con una escuela de Pilotos navales, donde se forman marineros y navegantes, estando siempre por delante del resto de las ciudades portuarias. Desde aquí se fletaban barcos que recorrían las rutas de las especias, seda, etc., se tomaba el relevo a la Flota de Nueva España para el trasporte de la plata indiana hacia Génova, Venecia o Nápoles, mientras se sustituía la antigua ruta por tierra, que hizo que las galeras de Barcelona perdieran importancia en estos trasportes, los cuales serán a partir de este momento protagonizados por las naos castellanas y extranjeras que hacen la ruta del Mediterráneo.

            El Puerto era el centro neurálgico de la información política de Europa, lugar donde la gente se reunía en sus puertos, sus mercados de almoneda o sus ventas, para conocer las noticias que ocurrían en los países extranjeros, en las Indias o en la propia España, tanto de la sociedad, como del mar o de la Corte.

            En el Puerto se construyeron una gran multitud de palacios renacentistas, a raíz del auge comercial alcanzado por la ciudad, repartidos por todo el casco, tanto a orillas del río Guadalete, que en el siglo XV corría sin canalizar, como en el centro de la ciudad. Para ello, se tomaron materiales de arenisca provenientes de las canteras de la sierra de San Cristóbal, al norte de la provincia, lugar que surtió igualmente piedra para construir el Castillo de San Marcos y la Iglesia Prioral de Nuestra Señora de los Milagros, que estaba en el centro de la ciudad y a ella estaban ligados los miembros más importantes del Concejo y el gobierno de la villa, entre los que se hallaban Diego y Charles de Valera, de la familia Valera, una de las más importantes entre los Cargadores a Indias del Puerto de Santa María. En la Sierra de San Cristóbal se encontraba también la Ermita de Sidueña, y en lo alto de la zona ribereña había una posada del siglo XV, llamada Posada del Toro, que pertenecía  a la familia de los Varela.

            En aquella época, las calles tenían denominaciones distintas, lo que en ocasiones ha producido dificultades a la hora de investigar la ubicación de un lugar, o el estudio de una familia que está ligada a una dirección concreta en los manuscritos antiguos. Las aguas sucias que discurrían por la ciudad, corrían bajo la calle Ganado, que hoy existe todavía con su nombre. Otra calle era la calle Larga, que atravesaba el centro del casco urbano, y dividía la ciudad, pero en el casco encontramos otras calles importantes como la calle del Arco, que atravesaba una puerta en los restos de la muralla, pasando junto al antiguo palacio de los Duques de Medinaceli, hoy convertido en bodegas. Otras calles desaparecidas son la calle Vicario, Dulce Nombre de Jesús, calle del muro o Tripería.

            El colectivo de Cargadores a Indias se hizo fuerte en el siglo XVII, al llegar comerciantes que hicieron prosperar El Puerto de Santa María. Muchos eran vascos o navarros, y los que procedían de Santander o Cantabria, por ejemplo, eran conocidos con el nombre de montañeses, pero también había italianos, flamencos o genoveses.

miércoles, 16 de enero de 2013

Himno de los Tercios.



          Hace siglos, nuestros antepasados conocieron una España que no tiene nada que ver con ésta. Una España en la que los hombres creían en su país, una España en la que los hombres eran valientes, arrojados, leales, entregados, una España que creció como Imperio ante los asombrados ojos de los hombres que habitaban el planeta, la auténtica España, aquella España de su glorioso pasado....la España de los Tercios.

          Y aunque aquellos españoles pecaron de ingenuos frecuentemente, en alguna ocasión de presuntuosos, el mismo orgullo y sentido del honor que les caracterizaba, configuraba su carácter alegre y su gran corazón, amén de sus capacidades para lograr lo imposible y para levantar vida allí donde solo existía desierto....

           Este fue nuestro símbolo, nuestra bandera, el pabellón de Borgoña o de San Andrés, estandarte que hacía temblar donde se mostraba, que guiaba a los ejércitos a través de océanos, reinos y tierras, aceptando el frío, el dolor y la muerte, a costa de la obediencia y la lealtad de sus falanges.

            Eran los Tercios, era el Imperio español.......


jueves, 3 de enero de 2013

LA AVENTURA DE NAVALUENGA.- CAP. 7


 Llega el anteúltimo día. Mañana nos vamos. Después de levantarme, cuando voy al pueblo a comprar un pequeño regalo para mis papis....al entrar en una tienda, lo primero que me dice la dependienta..."anda, tu eres uno de los que cantaba anoche, jo, vaya marcha teníais, estuvo genial...", no veáis lo ancho que se pone uno, je,je,je....no firmé autógrafos, pero parece que íbamos a dejar un buen recuerdo en el pueblo después de todo.

Estábamos consumiendo casi las últimas horas. Habíamos comido o mediocomido, cuando no sé cómo ni por qué comenzamos a dividirnos en dos grupos por una opinión que no acierto a recordar por qué era algo contradictoria, por lo que en un momento dado, alguno apareció con un vaso de agua y se lo arrojó a mi hermano, éste ni corto ni perezoso fue a la cocina y cogió un bol lleno de agua que se lo arrojó en mitad del pasillo al primero....después, apareció el tercer amigo y se unió a la guerra con una ensaladera llena de agua, me mojó a mi, que fui y cogí un cubo lleno volcándolo sobre los dos amigos....., éstos fueron a por otros cubos, y mi hermano y yo nos refugiamos en una habitación, con lo cual, refugiados ellos en otra, comenzó la guerra abierta, con cubos, barreños, ensaladeras, cazuelas y todo lo que pillábamos lleno de agua. La batalla dentro de la casa fue peor que en las Navas de Tolosa. Cuando alguien se asomaba, recibía de lleno una cascada que tumbaba elefantes. Avances, retrocesos, repliegues en combate, esquivos de ataques...agua y más agua a cañonazos por todas partes. No había cuartel en la contienda.

La guerra se trasladó a la calle, nosotros perdimos el terreno en la casa (como Napoleón en Arapiles), y allá continuamos arrojándonos agua en las escaleras, ellos usaban las ventanas y la puerta de entrada,  nosotros cargábamos munición en el grifo del jardín y en la pila, a tiro y contratiro, hasta que volvimos a perder terreno porque ellos descubrieron una manguera  en la cocina, atacándo con artillería pesada.....

El asunto es que al cabo de casi una hora, la casa estaba totalmente anegada, paredes, suelos, habitaciones, el agua chorreaba por las ventanas, y salía por la entrada cayendo por las escaleras como si fuera un río en torrente, estábamos empapados de pies a cabeza todos....Para hacer una tregua, porque estábamos agotados, decidimos darnos una vuelta por el pueblo y al rato volver, pero al regreso ellos nos esperaban junto a la manguera, de manera que la juerga terminó cuando les dijimos que nos rendíamos, de no ser así hubiéramos seguido por la noche....

Esa tarde apareció nuestra misteriosa vecina en persona, que se presentó ante los cuatro una vez se había declarado el armisticio, nos dijo que nos había estado observando y que se lo había pasado tan bien mirándonos que nos invitó a todos a un vaso de vino mientras hablaba con nosotros y nos conocía, y la verdad es que no nos pareció tan bruja como decían las marujas en el pueblo, sino todo lo contrario, aprovechó para comentar los detalles del enfrentamiento, contándonos el juicio que había hecho de él, y dando su opinión sobre quién podía haber hecho mejor combate....

Como el dinero se había vuelto a escurrir en los días anteriores, estábamos dándole vueltas al ambiente para intentar llegar al último día, pues las situaciones comenzaban a mostrar síntomas parecidos al sitio de Numancia, a mi me sorprendieron comiéndome el azúcar de la casa a puñados mientras algunos se comían unas cuántas galletas caducadas abandonadas en el rincón de un armario, de modo que más tarde, haciendo diplomacia con las chicas, logramos que nos invitasen a cenar en casa de la madre, que por cierto ignoraba que los daños de la casa ascendían a dos palos partidos en la cama, media docena de vasos rotos, las paredes empapadas y tiznadas de zapatillas, el suelo de la cocina como una cochiquera de cerdos, dos persianas caídas, el WC atrancado (esto estuvieron a punto de descubrirlo mientras nos visitaban)......uffff....realmente se iba a necesitar hacer bricolage en la vivienda.

La última noche nos acostamos pronto, había que preparar todo para iniciar la vuelta, hacer una rápida inspección para no dejarnos nada abandonado y tratar de que los indicios de nuestra estancia fuesen ocultos al menos de manera temporal.

Al día siguiente, cogimos el dinero guardado en un cajón, nos fuimos a despedir de las chicas (sin contarles los daños), y nos colocamos en la parada de autobuses con nuestras mochilas, dispuestos a volver a casa, después de aquella semana de aventuras; nos dio pena irnos, lo habíamos pasado a lo grande, aunque no sería la última escapada que haríamos, ni la última aventura parecida que íbamos a vivir.

Tengo que confesar que la aventura de Navaluenga nos enseñó cosas importantes, entre ellas que estando juntos nunca estaríamos solos, estuviésemos donde estuviésemos, y a día de hoy, después de 15 años, hemos cumplido con este principio de una manera fiel, ya que las pequeñas hazañas vividas nos ayudaron a mantenernos siempre unidos, a conocer nuestros límites y nuestras capacidades, en todo lugar y momento, mientras continuamos recordando aquella semana como si fuese ayer, y seguimos reuniéndonos de vez en cuando para revivir en nuestra memoria los escenarios protagonistas de aquellas inolvidables aventuras......



martes, 25 de diciembre de 2012

LA AVENTURA DE NAVALUENGA.- CAP. 6

Cuando salimos aquella noche, fuimos a buscar a las chicas, y volvimos para entrar en la discoteca, pero entre el aspecto que llevábamos y que cobraban la entrada (mi amiga no aparecía por ningún lado), nos quedamos en la calle, sin un duro y sin saber qué hacer...., sin embargo, éramos conscientes de nuestras capacidades de supervivencia, y como estábamos de aventuras no íbamos a naufragar tan pronto, por lo que se nos ocurrió que a lo mejor podíamos colarnos en la discoteca escalando alguno de los muros que la rodeaban, ya que ésta se encontraba en una finca que tenía calles por los cuatro lados......

Ni cortos ni perezosos, rodeamos la finca buscando el punto más débil. Desde fuera escuchábamos la música y la gente en su interior, pero no podíamos ver nada porque eran altos, así que llegamos a un callejón muy estrecho situado en el lado opuesto a la entrada, que tenía una pequeña fila de piedras en el suelo a las que pudimos subirnos. Varios niños que nos observaron se sumaron a nuestra idea engrosando el número de intrusos que pretendían colarse en el baile. Estábamos contentos de haber podido escalar el muro, pero cuando nos asomamos......¡sorpresa!, habíamos ido a elegir justo el lado en el que estaba la orquesta tocando, de modo que cuando nuestros medios cuerpos asomaron a lo alto del muro, todo el mundo nos descubrió y empezó a apuntarnos, mientras alguno de los niños incluso les saludaba alegremente. Alguno de los músicos llegó a mirar atrás para ver qué coños pasaba a sus espaldas...., de ésta manera aparecimos una docena de gente en el muro..... Fue en esos momentos cuando observamos al vigilante se seguridad que al descubrirnos salía de estampida a la calle, por lo que tuvimos que salir como Speede Gonzalez con el gato...., como siempre, corriendo como alma que lleva al diablo...., mientras los niños se desparramaban por  todas las calles del pueblo gritando.

Atravesamos calles y calles riendo como posesos, y fuimos hasta la plaza del pueblo, donde me reencontré con un amigo que se había licenciado del ejército un mes antes que yo, nos llevábamos de puta madre, estaba con sus hermanos y sus amigos, por lo que nos unimos al grupo, nos invitaron a beber cerveza, y pudimos recomponer fuerzas.....

Dijeron que se iban a otro sitio, y como nos cortaba ir sin poder invitar, nos quedamos y nos pusimos a darle a la imaginación para conseguir beber esa noche al precio que fuera...... Entonces, se nos ocurrió acercarnos a la calle más concurrida de bares y tocar la guitarra para sacar dinero, así lo hicimos, por lo que después de buscarnos un buen rincón y acomodarnos, empezó a sonar la música mientras cantábamos canciones de los chichos, los beatles y otras, primero sentados en una de las calles cercanas a la plaza, después paseando por las terrazas de los bares, al tiempo que pasábamos mi gorra negra marinera (aún conservo en casa esa gorra como recuerdo de mil aventuras....), para que las personas echasen monedas dentro. La gente nos miraba con una mala ostia que no veáis, como diciendo ¿y estos jilipoyas qué es lo que quieren echándole tanto morro?, mis amigos iban por la acera y yo me metía entre las mesas, poniendo la gorra delante de los sorprendidos turistas...., aunque me entraba la risa y al final no era capaz de engañar, mis amigos me decían “pero no te rías, joder”, si es hoy me dan bofetadas hasta en el titulo de patrón, ja,ja,ja....., todavía alguna churry a la que le hicimos gracia nos echó alguna monedilla....pero como no cayó mucho nos fuimos al puente del río, y en el camino seguimos cantando con la guitarra, con tan mala suerte que nos cruzamos con unos gitanos en una calle que hacían lo mismo que nosotros, y ya nos miraban con aire asesino, cuando decidimos irnos.....

Casi desesperados llegamos al puente del río. Para entretenernos fuimos a un bar de verano de las cercanías, allí nos encontramos de nuevo a las chicas (que se fueron cuando lo de la discoteca), y a sus hermanas mayores con sus amigas....aunque de momento no nos hicieron mucho caso, por lo que seguimos río arriba hasta llegar a un local que se llamaba el Arlequín, ya no sé si existirá, es un bar de verano muy grande, que tenía una terraza interna con mesas bastante amplia, donde entramos, nos sentamos y comenzamos a tocar cantando canciones de los beatles que se nos daba bien, también de los chichos, leño, tequila y de otros grupos....

De pronto, la gente que paseaba por las orillas del río, cuando escuchaba música, entraba en el local pensando que había alguna fiesta, y como estaban ya dentro se sentaban en la terraza pidiendo consumición, sin dejar de prestarnos atención,  y el local se atiborró de personas, que comenzaron a mirarnos mientras tocábamos como si ahora fuésemos nosotros los músicos. Cuando el dueño lo vió nos trajo dos vasos grandes de 2 litros llenos de agua de Valencia y nos dijo "venga, chavales, seguir que lo estáis haciendo de puta madre", por lo que la gente empezó a gritarnos las canciones que querían que tocásemos, y nosotros tan cumplidores, lo hacíamos, luego nos aplaudían.

De pronto empezamos a pasar la gorra por el local, justo cuando las hermanas mayores de nuestras amigas también entraban en el bar de verano, la gorra llegó a despistarse sin saber dónde estaba, y cuando hizo la primera ronda, había montones de monedas y algún billete....seguimos cantando y cantando, la gente aplaudía, pedía canciones, la hermana más mayor de nuestra casera dijo que si cantábamos la canción de los Chichos Heroína, sus novios nos echaban bien de dinero, y la canción nos quedó "bordá".....la gorra volvió a circular, y regresó con otro montón de monedas, nos mirábamos y no podíamos creer lo que estaba pasando....

Después entraron en el bar de verano mi amigo de la mili y sus amigos que venían de ganar un partido de futbol en las fiestas, con el trofeo y todo, nos invitaron para celebrarlo, pidieron cerveza, más agua de Valencia, cubatas....nos sentamos con ellos mientras seguíamos cantando, la cogorza que nos cogimos no entra en los anales de la Historia, de madrugada salimos tajaítos perdidos con todos los amigos, íbamos todos unidos por los brazos cantando la canción esa que dice..."la infanta doña Elvira, se tocaba el chiriví con una lira, la infanta doña Isabel, se tocaba el chiriví con un clavel, ay que ver con las infantas, como abusan del aroma de las plantas, y eso está muy bien.....

No recuerdo a qué hora llegamos a casa, solo recuerdo que al volver, acompañamos a casa a nuestra amiga la casera, y delante de la puerta, mientras mi amigo tocaba la guitarra los demás cantábamos canciones del rocío y ella bailaba....en mitad de la calle del pueblo....

También al regresar me encontré con mi amiga Inmaculada, que lógicamente también volvía a casa, y me hicieron ir a acompañarla mientras soltaban indirectas para que fuera "especialmente cariñoso" en la puerta....aunque eso hubiera estropeado la amistad....

Cuando llegamos a casa estábamos para el arrastre pero teníamos una fortuna que nos permitió comer, beber y salir al día siguiente a lo grande.....aunque aún no acabaron las aventuras....(continuará).