domingo, 5 de octubre de 2014

LA INCREIBLE LEYENDA DE LA BUZZE III


El capitán Levasseur amarra a la nave portuguesa, cuyas armas son inferiores a las ofensivas del barco pirata Cassandra. Olivier Levasseur toma el mando del Nuestra Señora del Cabo, se dirige a tierra llevando prisionero al virrey de la India, conde de Ericeira, en unión de otros hombres, y exige un importante rescate por su persona en millares de dólares. El gobernador de la isla de Bourbón, Mister Desforges-Boucher, asesorado por un antiguo pirata, Congdom, que sabe en qué consiste el asunto, prepara una pequeña suma para recuperar la vida del virrey, pero la cantidad no satisface a Olivier, que piensa que se trata de una burla. Ante la negativa a entregar suficiente rescate, Levasseur se hace con el tesoro del navío portugués, en el que figuran más de 10 kg. de diamantes, abandonados por el virrey y su tripulación. Levasseur, nuevo capitán del Nuestra Señora del Cabo, distribuye a sus hombres por el barco, y bautiza ésta nave con un nuevo nombre, El Victorioso. Después de tomar cabo Blanco, navegan hacia la bahía de Saint Paul donde abordan el navío Ciudad de Ostende. Toman el curso de Delagoa Bay (hoy Maputo), donde toman la fortaleza secuestrando al hidrógrafo holandés Jacob Bucquoy, antes de dirigirse hacia Mozambique y Madagascar, para realizar nuevos ataques, ambos capitanes por su cuenta, antes de separarse.  


La Buzze lleva su nuevo barco mar adentro. John Taylor navega en el Cassandra, hacia el puerto de Saint Paul, al que se une el anterior cuatro días más tarde tras pasar el barranco de Ay. Juntos los dos piratas, con el Cassandra y el Victorius, toman la ciudad de Ostende al caer la tarde, tomándola y saqueándola, antes de dirigirse hacia la isla de Nosy Bohara, en Santa María de Madagascar, donde reparten el botín.

Al año siguiente, el capitán pirata Duguay-Trouin y el comodoro inglés Matthews, protagonizan un capítulo de batallas en aquellas aguas. Levasseur y Taylor eran sospechosos de piratería, por lo cual deciden poner millas de por medio para evitar ser capturados. Taylor se dirige a las Indias Occidentales, pero Olivier se refugia en la isla de Santa María, en la costa de Madagascar, donde el Victorius halla una relativa seguridad para ocultarse. En diciembre de 1721, Olivier y Taylor toman y queman la nave Duquesa de Noailles, un barco de suministro de las islas Mascareñas, en la que viajan esclavos. El gobernador siente una gran ira. Después de este ataque, Levasseur y sus hombres, se retiran a la bahía de Antongil, en la costa este de Madagascar, cerca de la isla de Santa María, debido a que en la zona está operando Duguay-Trouin, un capitán pirata de mayor talla que él, cuya bandera ondea en la zona del Cabo de Buena Esperanza, y que, convertido ahora en comandante de la marina Francesa y cazador de piratas al servicio de Luis XIV, supone un peligro. Taylor sin embargo, decide marcharse a Portobello, en Panamá, donde ha escuchado que le espera una amnistía de perdón. No todos los piratas están de acuerdo con la decisión, por lo que muchos de ellos prefieren continuar las depredaciones, aprovechando un período de calma. El 25 de enero de 1724, otro pirata, John Clayton informa de los movimientos de Levasseur, solicitando clemencia al gobernador Desforges-Boucher, con la excusa de que la piratería ha caído en desgracia y ya no se practica. 

El 23 de septiembre de 1724, la junta de gobierno de la isla de Bourbón, reitera la amnistía de perdón a los piratas, pero La Buzze sospecha que se trata de una trampa para cazarlos, y él junto a sus hombres se refugian en el interior de la isla. Olivier trató de reponer los vasos sagrados robados, pero se negó a entregar el botín del Nuestra Señora del Cabo, para obtener la clemencia de la Carta de perdón, por lo que deciden esconder el tesoro en una zona desconocida, para la que se han sugerido varios enclaves, Isla de Francia (Mauricio), la isla de siete hermanas (Seychelles), Ibrahim Nosy o Nosy Bohara (Santa María), las isla de Mahé y la isla de Bourbón (Reunión). Entre ellas sabemos que Santa María era refugio de una gran cantidad de piratas, debido a su posición estratégica en el camino de las Indias Orientales y los vientos favorables que benefician sus rutas. Existe gran posibilidad de que el tesoro de La Buzze fuera enterrado en las cercanías de la bahía de Antongil, ya que sabemos que el pirata vivió en ésta isla.

El 31 de diciembre de 1727, la Compañía de las Indias Orientales ordena en carta remitida al Consejo de Bourbón que se nieguen a dar hospitalidad en la isla a todo pirata que intente atracar en sus costas. Cuando finalmente La Buzze fuera capturado, el gobernador en aquel momento, Dumas, que había sido un antiguo pirata, lo interrogó sobre el paradero de su tesoro, negociando la libertad de Olivier a cambio de esta información, pero Levasseur se negó a darle tales datos. Ante su silencio sería arrojado a las mazmorras en la isla de Saint Denis, con el secreto en su mente.  

En la mencionada isla existe una curiosa quebrada donde hacia 1671 hubo una revuelta de esclavos que pretendían acabar con el gobernador de la isla, La Hure, y que acabó en una masacre, ya que éste, haciendo campaña para perseguirles y detenerles, les tendió una emboscada, y una vez cazados los rebeldes, fueron arrojados al fondo del barranco, que ganó el nombre “Ay de la barranca”, o simplemente Ay. Cuando Levasseur pasó por el puente que cruza este barranco, tras cruzar los montes de la quebrada camino del cadalso, se cuenta que Olivier, mirando con nostalgia el lugar comentó a sus guardianes… “con lo que he escondido aquí, podría comprar la isla”. 

En el año 1729, La Buzze había ejercido como piloto naval en la bahía de Antongil, en el lado oriental de Madagascar, para lo cual ofreció en una ocasión sus servicios a la Compañía de las Indias Orientales, a fin de entrar el navío Medusa en el puerto. El pirata pensó que en la nave se habían olvidado de él, gracias al indulto ofrecido a favor de los filibusteros del Mar de la India, sin embargo, el capitán Hermitte, comandante de la Medusa, reconoció a Levasseur, debido a que éste había protagonizado repetidos ataques contra las naves de la Compañía, lo detuvo bajo las órdenes del gobernador Dumas. Y aquel fracaso había llegado por fin, se había hecho realidad. Nada ni nadie lo salvaría de su destino en aquel trance. Seis años antes, Levasseur había sido perdonado por el gobernador de la isla Reunión, pero el pirata había decidido permanecer en la isla y continuar con sus contiendas.

Un lejano día, las fragatas de la armada lo cercaron y lo derrotaron cerca de la isla de Madagascar, cogiéndole prisionero, y llevándolo engrilletado a Reunión, donde ahora iba a dar cuenta de sus actos. En las mazmorras fue interrogado durante cuatro días con sus noches, donde se intentó averiguar el lugar donde estaba enterrado su tesoro, pero Levasseur sabía que no sobreviviría a su destino y se negó a confesar esa información tan valiosa. En el palacio del corregidor, La Buzze se enfrenta a un juicio, donde se estudia la petición del Fiscal General y la condena del rey de Francia contra él, acusado de piratería y asesinato, figurando sus declaraciones con fecha 26 de marzo y 19 de mayo, que se compararon con la declaración del capitán Hermitte, capitán de la Medusa, donde dirigió una carta al Sr. Desforges, con fecha 25 de marzo de 1724, firmada y rubricada por éste.
 



El Consejo Superior de Justicia emitió una carta el 23 de septiembre de 1724, ordenando se estudie la amnistía propuesta para el señor Levasseur, cuyo examen real no se haría hasta la fecha que oscila entre el 15 y el 20 de mayo de 1730, y cuyo resultado fue el siguiente: Primero, el rey de Francia ordena que se prepare el juicio penal contra el pirata y que se haga público; Segundo, el Procurador General del rey, somete el examen a la Cámara General del Consejo, manifestando que están muy afectados por los delitos cometidos por Levasseur, la toma y destrucción de sus barcos, así como los de la Compañía de las Indias Orientales, y ordena al condenado a mostrarse en la puerta de la iglesia de esta parroquia, con la camisa quitada, y confesar en voz alta ante la muchedumbre sus delitos, arrepintiéndose de ellos, con una antorcha en una mano y un libro sagrado en la otra, pidiendo perdón ante ellos, a Dios, al rey y a la justicia. Esto se llevaría a cabo en un lugar público de la isla, antes de subir a un patíbulo construido para tal fin,  y ser ahorcado por el cuello hasta su muerte. El cadáver estaría, según la costumbre, colgado durante 24 horas, y después sería expuesto en la orilla del mar, para escarmiento y lección de todos los piratas. El documento de condena a muerte fue firmado por Chassin, G. Dumas de Lanux y Villarmoy.

Cuando subió las escaleras al cadalso, en la localidad de Saint Paul, isla de Reunión, eran las 17.00 horas del fatídico día 7 de julio de 1730, sin embargo, la leyenda dice que en sus ropajes llevaba oculto un mapa criptográfico (a pesar de que se supone que habría sido bien cacheado al entrar en prisión), y que al subir al patíbulo, lo arrojó a la muchedumbre que lo contemplaba… ¡Aquí está mi tesoro, el que pueda que lo encuentre!... A partir de este momento, nace la leyenda… ¿quién recogió aquel documento?, nadie lo sabe. Durante más de dos siglos, la investigación de aventureros,
arqueólogos e historiadores, que dan por cierta la leyenda, han trabajado para intentar desvelar los datos que se conocen de su ubicación, la cual coincide en todas las interpretaciones, en la isla de Bourbón y la barranca de Ay, pero ésta es demasiado extensa y escabrosa. El manuscrito original, que ahora se conserva en la Biblioteca Nacional de París, fue hallado en la isla de Mahé, en el archipiélago de las Seychelles, o Siete Hermanas. Charles La Roncière realizó una traducción del documento, teniendo en cuenta que la mayoría de los piratas no dominaban la lengua criolla francesa, y usaban términos en un dialecto más bien propio, además de no usar mapas de gran calidad geográfica, por lo que se ha deducido que el pirata señaló sobre el terreno los detalles del lugar.

            Más de 280 años después, el tesoro que supuestamente aparecía en aquel misterioso documento, realizado escrupulosamente en virtud de conocimientos astronómicos, pistas que se niegan a ser interpretadas y señales que no se acaban de revelar, sigue sin aparecer, continúa siendo todo un enigma histórico que no nos permite saber con certeza si todo era un engaño, o si el tesoro existe y está enterrado realmente en algún punto de la remota isla.

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