jueves, 30 de julio de 2015

PRESENTACIÓN DE "LA LEYENDA DEL CAPITÁN" EN ÁVILA.


Buenos días, amigos, lectores y seguidores....

Me complace anunciaros que el próximo día 17 de septiembre, a las 20.00 horas, tendrá lugar en el Palacio del Episcopio, situado en la Plaza de la Catedral, 3 en el centro de la capital de Ávila, la presentación de mi novela "LA LEYENDA DEL CAPITÁN"...

Espero que podáis estar allí la mayoría, me encantaría teneros a mi lado en un momento tan importante de mi vida...

Gracias a todos.

Fernando.

 

LA LEYENDA DEL CAPITÁN: Sinopsis.



Año 1685. Un barco procedente de las Indias es interceptado por la Armada Real cuando se acerca a las costas españolas, con la intención de llegar al Puerto de Santa María, en Cádiz,  sus oficiales acusados de traición y encarcelados...., pero alguien mueve los hilos en la sombra para ayudarles, aunque el capitán de la nave desaparece misteriosamente de su celda sin dejar ni rastro.

          Época actual. Un grupo de amigos valencianos organizan un viaje de fin de curso. Las aventuras se precipitan cuando consiguen un mapa antiguo y una carta manuscrita de manera accidental, algo que implicará sus vidas de un modo sorprendente, para desvelar un secreto que lleva enterrado a los ojos de los hombres casi 400 años...

Distintos acontecimientos harán salir a la luz la revelación de unos sucesos que han permanecido ocultos en la Historia durante mucho tiempo. El enigma de una leyenda que ha vivido enterrada a los ojos de los hombres, toma cuerpo en un duelo de intrigas y ambiciones, amparadas en las luchas de poder de la nobleza, cuyos recuerdos subyacen en la lejana memoria del antiguo Imperio Español. Pasearemos por las antiguas calles del Puerto de Santa María, el Mediterráneo de los corsarios berberiscos, las selvas del Amazonas, el Caribe español y los palacios de la aristocracia del Siglo de Oro.

La epopeya de una trama que se mueve entre el presente y el pasado, en una época convulsa en la que conviven el amor y el conflicto, ambientada por batallas navales, piratas, oro, sangre y mafias modernas, entremezclados en un apasionante relato lleno de acción, suspense y romanticismo, dentro de un marco épico inigualable que mantendrá al lector en un hilo, emocionándolo a lo largo de todos sus capítulos.
 
Abre sus páginas, sumérgete en la Historia....
 
 Atrévete a implicarte en el misterio de su leyenda, acompañando a sus protagonistas en una impresionante trama, cuyo desenlace te va a sorprender de un modo jamás imaginado..., cuando se desvelen los secretos olvidados de un remoto pasado...
 
 

 

 

miércoles, 15 de julio de 2015

Aquel Cádiz de 1702 III.


 
 
El ataque de 1702

            La historia relata –como se relatan todas estas cosas–, que fue aquel fatídico día 23 de agosto de 1702, hacia las 17.00 horas que hoy día estableceríamos, cuando Danio Granados, vecino del Puerto de Santa María, en Cádiz, avistó la flota combinada anglo-holandesa asomando por la bahía, al mando del almirante británico sir George Rooke; estaba formada por 207 velas entre buques de combate, embarcaciones auxiliares y naves de transporte y un total de unos 14000 hombres armados (tripulaciones aparte). Manuel Danio Granados había estado observando el mar en la amplia bahía, pendiente de una nave que debía avisar del avistamiento de la flota enemiga, enarbolando una bandera roja.

            Fuera como fuere, debió suceder después del mediodía, a juzgar por los escritos que el propio gobernador de Rota, D. Francisco Antonio Díaz Cano, nos legó de su puño y letra, coincidentes con las confesiones de otras crónicas de testigos del momento. La flota asoma en el horizonte gaditano el 23 de agosto de 1702, entrando despacio en el primer seno de la bahía de Cádiz, para cumplir con las operaciones planificadas en virtud de la guerra declarada el 15 de mayo de ese mismo año, tras un complicado juego de intereses políticos en el marco continental de las coronas europeas. Habían salido de la isla de Wight el 12 de julio, tras tener que regresar a puerto para resguardarse de un fuerte temporal que había asolado la región, y en su ruta hicieron escala en Lisboa, donde desembarcaron el 19 de agosto para recoger al príncipe de Hesse-Darmstadt, que actuaría como representante y embajador del emperador archiduque Carlos de Austria, a fin de atraerse las simpatías del pueblo andaluz a su causa, misión que sería un auténtico fracaso. Al principio aparecieron dos naves holandesas. Más tarde fueron llegando retrasadas las demás que formaban el grueso de la flota aliada.
 


            La idea de sus generales consistía en tomar por asalto y ocupar varias de las ciudades del sur de Andalucía, sentando una serie de bases estratégicas que les permitiría sentar una base con puertos seguros a fin de servirse de ellos como avanzadilla, y les ayudaría a consolidar sus posiciones en el Mediterráneo, antes de continuar con la guerra que se estaba librando en la península, convenciendo a sus ciudadanos de la conveniencia de inclinarse a favor del emperador de los Habsburgo, y arropar la causa austracista contra el rey Felipe V, representante de la Casa de Borbón.

             Sin embargo, sabemos que en secreto se había preparado el ataque a la Flota de Indias con la idea de obtener un inmenso botín que además amortizaría los gastos de la guerra, y cuyo cargamento, escoltado por una gran flota de guerra francesa que provenía de la Habana, y se dirigía en aquellos momentos hacia Vigo, una vez alertados de la presencia aliada en aguas de Cádiz.

 
La Flota.

            La nutrida flota aliada que arribó a Cádiz ha sido largamente discutida, ya que entre los centenares de navíos que llegaron, se encontraban naves conocidas y menos conocidas por sus gestas en el mar, pero se barajaban alrededor de 207 bajeles, entre barcos de guerra, naves auxiliares y unidades de transporte, en las cuales había unos 14.000 soldados, tripulaciones aparte. La flota británica estaba compuesta por 30 navíos, 6 fragatas, 5 bombardas y 9 brulotes, que tripulaban unos 16.400 hombres sirviendo a 2570 cañones. La flota holandesa la integraban 20 navíos, 3 fragatas, 3 bombardas y 3 brulotes, con una dotación aproximada de unos 10.850 hombres.

            Al mando de la flota inglesa se hallaba el almirante Rooke, y al mando de la flota holandesa, el teniente almirante Phlips Van Almonde. La infantería inglesa la dirigía sir James Butler, duque de Ormond, y la holandesa el mariscal de campo, Barón Sparr.
 


            Entre los navíos más famosos de los que se tiene constancia aparecen:

 

FLOTA BRITÁNICA

Escuadra roja al mando del vicealmirante Thomas Hopsonn con su insignia en el Prince George.

– Association, 90 cañones.

– Monmouth, 70 cañones.

– Essex, 70 cañones.

– Cambridge, 80 cañones.

– Prince George, 90 cañones.

– Oxford, 70 cañones.

– Yarmouth, 70 cañones.

– Grafton, 70 cañones.


Escuadra azul al mando del contralmirante John Graydon con su insignia en el Triumph.

– Cumberland, 80 cañones.

– Lennox, 70 cañones.

– Berwick, 70 cañones.

– Triunmph, 90 cañones.

– Torbay, 80 cañones.

– Pembroke, 60 cañones.

– Northumberland, 70 cañones.

 
Escuadra blanca al mando del contralmirante Sir Stafford Fairbone con su insignia en el St. George.

– Barfleur, 90 cañones.

– Stirling Castle, 70 cañones.

– Burford, 70 cañones.

– St. George, 96 cañones.

– Expedition, 70 cañones.

– Chichester, 80 cañones.

– Swiftsure, 70 cañones.

 
Escuadra del vicealmirante de Inglaterra almirante Sir George Rooke al mando del insignia Royal Sovereign y de toda la flota.

– Kent, 70 cañones.

– Boyne, 80 cañones.

– Bedford, 76 cañones.

– Royal Sovereign, 110 cañones.

– Ranelagh, 80 cañones.

– Plymouth, 60 cañones.

– Eagle, 70 cañones.

– Somerset, 80 cañones.


Fragatas

– Sorling, Dunwich, Lowestoft, Lynne, Adventure y Poole.

 
Corbetas

– Newport y Flamborough.

 
Bombardas

– Mortar, Granada, Terror, Firedrake y Basilisk.

 
Brulotes

– Vulture, Phoenix, Lightning, Terrible, Griffin, Hawke, Hunter, Fubbs Yacht y Paramour Pink.

 



FLOTA HOLANDESA

Escuadra del Mosa al mando del vicealmirante Van der Goes con su insignia en el Zeven Provincien.

– Holland, 72 cañones.

– Veluwe, 64 cañones.

– Zeven Provincen, 90 cañones.

– Dordrecht, 72 cañones.

– Wassenner, 64 cañones.

– Aemilia, 64 cañones.

 
Escuadra de Amsterdam al mando del Teniente Almirante Van Almonde con su insignia en el Vrijheid.

– Handerbroek, 50 cañones.

– Het loo, 64 cañones.

– Reigersberg, 72 cañones.

– Vrijheid, 94 cañones.

– Unie, 92 cañones.

– Gouda, 64 cañones.

– Katwijk, 72 cañones.

 
Escuadra del Norte al mando del Teniente Almirante Callenberg con su insignia en el Beschermer.

– Wulverhorst, 50 cañones.

– Uthrecht, 64 cañones.

– Enkhuizen, 72 cañones.

– Beschermer, 90 cañones.

– Arnhem, 64 cañones.

– Alkmaar, 72 cañones.

– Slot van muyden, 72 cañones.

 
Fragatas
 
– Gorkum, Beschutter y Wolf.

 
Bombardas

– Salamander, Geweld y Schrik    .

 
Brulotes

– Olijboom, Eendracht y Salamander.

 
Naves auxiliares para transporte, avituallamiento o sanitarias de distintas clases y portes.

 

viernes, 26 de junio de 2015

Aquel Cádiz de 1702 II.



          Entre los palacios de la ciudad gaditana, estaba la casa de Ramírez, perteneciente a la familia del marqués de Villareal y Purullena, la casa de Cohen, la casa de Juan de Vizarrón, la casa de López Martínez, la casa de Quintana, que poseía una fábrica de blanqueo de cera y la casa del marqués de la Cañada, entre otros muchos. El castillo de San Marcos estaba detrás de la pescadería, cerca del río, y ocupaba la calle del Muro, de la Tripería y de la Chanca. Las casas de los pescadores estaban situadas en los arenales, junto al Guadalete, donde podíamos ver las barcas varadas en la tierra, por donde discurría el caño de la Alcantarilla, o como se le llamaba, el arroyo de la Zangarriana, y en la parte alta, al norte, poblaban las huertas ocupando la zona de la Iglesia Prioral. El camino real llegaba, vía Jerez, hasta la Victoria, lo que hoy es una de las calles principales del casco urbano.
 

            La zonas de los arenales discurría bajo el castillo de Santa Catalina, en el camino a Rota, donde se ubicaban el Pago de Triana y el de Cantarrana, muy fértiles para huertas, pero que se hallaban en ese momento en gran parte valdíos. Entre el castillo y la zona de la Moraleja, hacia Rota, aparecen las tropas enemigas que acabarían afincándose en una zona llana para montar su campamento, mientras los españoles les vigilaban desde lo alto de la colina conocida como la Casa Negra. En el camino de Sanlúcar también encontramos huertas y arbolados, igual que en Rota. Al otro extremo, en el camino de Jerez, quedaba el Pago de la Piedad. Hemos de recordar que en el Puerto existía una fábrica de papel bastante bueno, que le produjo exitosos beneficios. Al norte de la ciudad topamos con la colina de Buena Vista, donde existían canteras  como la de Palomares, cuya piedra es blanca y muy resistente. Hasta la ciudad de Jerez calculamos que hay una legua por el norte, al oeste queda Sanlúcar de Barrameda a una legua y media, y Rota algo más abajo, a media legua de Puerto Real. Entre los ríos San Pedro y Guadalete, al este, brillaban las salinas bajo el sol. 
 

Cortesía Fundación Fuerte Santa Catalina


            Hasta 1778 no se acabaría de construir el puente de barcas del río Guadalete, que tenía una máquina que elevaba la plataforma en el aire, para dar paso a los veleros, por lo que para cruzarlo se habían estado usando barcas que cruzaban navegando de orilla a orilla. Solamente en tiempos de los romanos existió un puente de piedra, cuyos pilares, asomaban en el agua como mudos testigos de una época antigua en el lugar. 
 
Cortesía Fundación Fuerte Santa Catalina
En las orillas de este cálido ducado no saben que una gran amenaza se les viene encima, como resultado de las políticas de la Corona. Tenemos constancia de que a principios del siglo XVII, se construyen los baluartes de San Francisco, San Roque, Benavides y San Felipe. Santa Catalina había sido construida hacia 1598 por el duque de Medinaceli, gracias al programa de torres y fortalezas planificado por el rey Felipe II, para hacer frente a los ataques corsarios. En este momento estaba ya reconstruido también el puente de Zuazo, al este de la ciudad, y en la primera mitad del S. XVII, se construyen asimismo el Fuerte de San Lorenzo del Puntal y el castillo de Matagorda, mientras a finales de 1650 se termina de levantar el frente de tierra, se alza el baluarte de La Candelaria y el baluarte del Matadero. En el año 1700, la torre de Santa Catalina tenía 20 cañones de mediano calibre, un parapeto por delante con batería hacia el mar en forma de hornabeque con 15 cañones que protegían el lado norte del complejo.


            Pero en realidad, ¿cuáles eran las defensas con que contaba la zona?

          Batería del Palmar o Fuerte Ciudad: tenía planta poligonal, estaba en la desembocadura del Guadalete, servía para apoyar al castillo de Santa Catalina y al Fuerte de las Arenillas, defendía la zona denominada la calita. Tenía un patio de armas desde el cual se accedía al polvorín. Estaba construido con cantos de piedra ostionera, revestidos de cal, tal como era la costumbre desde hacía tiempo.

          Batería de La Bermeja: Se hallaba entre el paraje de Las Redes y el Manantial. Era un reducto de 3 cañones, que en el año 1702 era conocido como La Terneca. 
 
Cortesía Fundación Fuerte Santa Catalina

          Batería de las Arenillas: Se encontraba oculta parcialmente por las dunas de arena que formaba el viento, la batería y sus cañones estaban semienterrados en ellas. En 1702 se le conocía como Mola Seca.

          Batería de La Laja o Castillo de la Pólvora: Estaba situado en la playa de La Puntilla, a la entrada del Guadalete.

viernes, 12 de junio de 2015

NOTA IMPORTANTE PARA MIS LECTORES

          
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Gracias a todos.


Fernando.

sábado, 14 de marzo de 2015

Aquel Cádiz de 1702.

  
           Ha pasado mucho tiempo desde que se produjo aquel episodio del lejano septiembre de 1702 en Cádiz. Ahora cuando uno contempla sus playas, tranquilas, serenas, llenas de turistas con camisetas multicolores y cámaras de fotos, parece que algunos sucesos fueran difíciles de ocurrir.

            Al pasear por su litoral, nos podemos preguntar por qué los avatares de la Historia llevan a algunos pueblos a ser constante objetivo de la envidia y la rapiña, pero es obvio que las gentes sencillas, que no son guerreros, siempre serán ovejas para los lobos, a diferencia de los lances obtenidos frente a aquellos poderosos y aguerridos Tercios de Flandes, cuyo temple bajo el pabellón de Borgoña hacía templar a ejércitos y emperadores a lo largo y ancho de la vieja Europa.
 

            España había entrado de lleno en la última década del siglo anterior, en un complicado juego de ajedrez, reflejado en el Nuevo Mundo, mostrando al resto de las naciones todo lo que se podía obtener de las nuevas tierras descubiertas y conquistadas. Durante cerca de 300 años, logró mantener una extraordinaria hegemonía ante los países extranjeros, que veían con asombro de qué manera Castilla hacía desfilar sus pesados galeones cargados de oro, plata y costosas especias hacia la metrópoli. Sin embargo, superado el primer tercio del siglo XVII, las flotas europeas comenzaron a organizarse y a tomar posesión de costas e islas que iban a comenzar a explotar para participar en el pastel americano.

            Los filibusteros, que tan organizados habían estado a partir de 1620 formando una oculta y sólida hermandad de grupos temibles, ya no interesaban a las coronas imperiales inglesa y francesa, desde el momento en que tenían enormes intereses económicos en aguas de las Antillas, ya que sus barcos también eran presa codiciada por aquellos piratas, que habían decidido que ya no tenían nación, y las banderas no les importaban lo más mínimo. Debían organizarse concienzudamente si deseaban mantener unas líneas comerciales fuertes y seguras, que garantizasen su supremacía en el mar, y así lo hicieron, de modo que a partir de 1680, las escuadras de guerra cazan a cualquier nave no reconocida que se dedique a navegar sin documentos que les avalen, haciendo que estas escuadras de mercenarios se trasladen al Indico y a los mares de China.
 
            Inglaterra por aquel entonces exportaba productos a través de sus agentes en Cádiz, desde donde después se llevaba la carga hasta las colonias americanas, pero la existencia de los intermediarios les hacía perder dinero, de modo que a finales del siglo XVII comienza a exportar directamente a Jamaica, especialmente la lana inglesa, cuyo gobernador era entonces el inglés Sir William Beeston. La Corona inglesa llevaba demasiado tiempo ansiando firmar un tratado con España, que le garantizase la venta de esclavos en América, es decir, lograr el Tratado del Asiento de Esclavos, por el que compartiría el monopolio en los puertos coloniales, pero tras el triunfo de Felipe V en la Guerra de Sucesión, los franceses desplazaron a Inglaterra de este negocio, que ya no obtendría hasta el año 1713.

            Aún así, nos consta que al menos entre 1697 y 1702, más de un 75% de la plata procedente del Imperio español, era recibido por los comerciantes ingleses afincados en Cádiz, lo que suponía un montante de unos 2.000.000 de libras esterlinas, que luego los anglosajones destinaban a la inversión en sus colonias de Asia, por lo que de algún modo la vía gaditana, en cierto sentido, era en la práctica más importante que la de Jamaica.

            A finales del siglo XVII, el exportador inglés más importante de Cádiz era Sir William Hodges, el cual venía pagando una especie de rescate equivalente al 3% de sus beneficios, con objeto de evitar que la plata americana le fuera confiscada por las autoridades españolas. En 1699, el cónsul de Cádiz, Martín Wescombe, fue destituido por incumplimiento de sus obligaciones. Era la persona clave que vendía en el mercado las presas hechas por los ingleses en el Mediterráneo, convirtiéndolas en dinero. Pronto, la mayor parte de los representantes de aquel comercio inglés tan brillante, acabarían abandonando España con destino a su país de origen, debido a la ruptura de las relaciones de la Corona Española con Inglaterra. En el horizonte soplaban vientos de guerra y había que poner aguas de por medio.
 

            Entre ellos se hallaba el agente inglés Edward Harding, que en junio de 1702, tuvo que confiar sus bienes pertenecientes a la compañía formada por los hermanos George y Thomas Finch, al ciudadano Juan del Camino, cuya casa sería saqueada por las tropas angloholandesas en el asedio a Cádiz, por lo que lo perdió todo, bienes y efectos, en aquel trágico episodio que comenzó el 23 de agosto y duró aproximadamente unos 22 días.

            Pero, ¿qué escenario existía en aquel Puerto de Santa María del Cádiz de 1702?

            Si viajásemos en el tiempo, y nos encontrásemos en aquel lugar, probablemente observaríamos un terreno muy distinto al de hoy, lógicamente. Jerez se halla al este, en su camino podemos ver el cementerio de la ciudad, cerca del monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, o de San Francisco de Paula, a donde conducía la calle Larga que entraba en la ciudad del Puerto de Santa María. Aquí confluyen la calle Cielo y hacia el norte la calle Palacios, donde se hallaba la casa de los duques de Medinaceli, que hoy es una gran bodega. También encontramos la plaza de la Pescadería, junto al río Guadalete, y la plaza del Polvorista, que aún existen y son generosas. La última tenía un cuartel militar donde vive el Capitán General, marqués de Villadarias. Podemos ver las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, San Joaquín, y los monasterios de San Agustín, de los Descalzos de San Diego y de los Hospitalarios de San Juan de Dios.
 

            La Casa de la Caridad era servida por los hermanos de San Juan de Dios, que después de 1675, se establecieron en la capilla de San Andrés. En la ribera del Guadalete, había un hospicio para hombres y mujeres en convalecencia, y allí mismo existía un pósito con capacidad para 4000 fanegas de trigo en caso de carestía. La casa de las misiones estaba situada junto al campo de Guía, al final de la ciudad, hacia el oeste, que pertenecía a la orden de los jesuitas, donde se alojaban los religiosos que embarcaban en los galeones hacia las Indias.


martes, 3 de febrero de 2015

LA INCREIBLE LEYENDA DE LA BUZZE V.



APARECEN LAS EVIDENCIAS.-

La transposición del criptograma nos permite determinar qué fuente pudo haber inspirado a Olivier Levasseur  para desarrollar su criptograma. Recordemos que las ciencias de la criptografía, tan antiguas en la Historia, se pierden con el paso del tiempo y en este momento del siglo XVIII aún no están muy desarrollados. Sus conocimientos pudieron ser transmitidos por los marineros que van desde Europa hacia las Indias Occidentales o las Indias Orientales. Como base podemos considerar los viajes de Laperouse (1781-1789).


En 1756, las Seychelles habían sido colonizadas por franceses, entre los que se encontraba la familia Savy, que poseía tierras en la zona de Bel Ombre. En 1923, la Mr. Charles Savy y su señora poseían tierras que bordean el mar en la isla de Mahé, al sur de las islas Seychelles. Un día descubrieron que cuando bajaba la marea, aparecían unas piedras talladas cerca del océano, pero lo extraño es que en ella se podían distinguir animales tallados por la mano del hombre, perros, serpientes, tortugas, caballos, y las formas de los objetos y los seres humanos: una urna, corazones, una figura mujer joven, una cabeza de un hombre con una mirada monstruosamente abierta. Estas piedras talladas figuraban mencionadas en los documentos descifrados de La Buzze. Un etnógrafo les sugirió que estos grabados rupestres podrían estar relacionados con las escritura ideográfica, indonesios y pascuanos, donde es frecuente encontrar a la serpiente y tortuga, que recordaban antiguas civilizaciones.


Las evidencias comenzaron a aflorar mientras diversos ciudadanos se instalaban en la isla, levantando sus casas. Un día, una familia cava en su jardín y encuentra  jarras de vino llenas de monedas de oro. Otra familia descubrió en una playa varios hierros, balas de cañón y los restos del campamento. Pero el nombre más volcado en esta historia, aún no había llegado…

            En 1949, Reginald Cruise-Wilkins (1913-1977) contrajo la malaria y los médicos le aconsejaron que fuera a descansar en las Seychelles, cuyo clima y paisaje sería benefactor para su salud. Este curioso personaje había sido cadete en el barco escuela Mercury, aficionado a la astronomía y la mitología.


           
            Cuando llegó, escuchó hablar de la historia del tesoro de Olivier, y allí fue donde accidentalmente ideó comenzar con esta búsqueda del tesoro. Al principio todo parecía una broma pero luego las evidencias comenzaron a cautivarlo. Comenzó en 1949, un importante trabajo en la playa de la localidad de Bel Ombre, en el norte de la isla de Mahé, donde nuestro aventurero compró una casa. Fue ese año cuando Reginald Wilkins comenzó su búsqueda del tesoro. Al principio, exceptuando algunos hallazgos poco espectaculares, como restos de pistolas y espadas o algunas monedas, sus métodos de búsqueda no revelaron nada. Los anteriores buscadores, entre los que figuran dos tales Jacques y Edward no pudieron encontrar el tesoro salvo un viejo baúl, una campana, las linternas y huesos. Estos personajes son dos cazadores de tesoros que hacen su investigación más profunda en la selva. Discuten con Wilkins, que  afirma que Jacques y Edward se basan a partir de marcas de simples arañazos en las rocas, en lugar de reconocer evidencias ciertas.
La mayoría de la gente pensaba que Wilkins estaba loco, pero se despreocupó por las opiniones de los demás convencido de que tenía razón. Continuó su trabajo porque tenía un carácter fuerte. Wilkins conoció a Mr. Charles Savy y examinó el documento criptográfico del tesoro, que parecía una mezcla de griego y hebreo distribuido en 17 líneas, y una de las primeras cosas que halló fue una mosca tallada en una roca, hecha claramente con herramientas metálicas. En el documento aparecía la palabra latina "musca". Otra marca era un "ojo de cerradura", idéntica a la del criptograma. El señor Wilkins pasó 5 meses en Nairobi traduciendo los documentos con un diccionario del siglo XVII, logrando descifrar algunas cifras correspondientes a distancias y grados. Uno de sus mayores éxitos supuso descifrar una primera frase completa, "encontrar cierta mujer sumergida en el agua". Comenzó a pensar que necesitaba la ayuda de la astronomía y la mitología griega al mismo tiempo.

Mr. Wilkins se animó y comenzó a invertir en las Seychelles importantes sumas de dinero, contratando trabajadores para limpiar de vegetación la zona, y consiguió hallar otras rocas con letras talladas iguales a las del documento. Un día se topó en el Monte Wilson con una piedra plana que tenía rumbos de compás, y recordó las distancias del documento, que pensó que partían de este punto. Con una cuerda midió 630 pies, cuya cifra había leído en el criptograma. Hizo algunas excavaciones sin resultados, pero se dio cuenta de que había usado la medida moderna de 30,48 cm. por pie, en lugar de la vieja medida francesa de 32,40 cm. Volvió a tomar medidas. Esto le llevó a un lugar que alcanzaba la marea alta, por lo que tuvo que levantar una pared para contener el agua, dándose cuenta de que coincidía con otro muro, aparentemente construido muchos años antes. Excavaron y encontraron enterrada una figura de mujer en granito, de 8 pies de largo, que el agua cubría parcialmente. Era la mujer sumergida a la que hacía referencia el documento.


          Mientras seguía otras pistas, logró hallar a las distancias mencionadas en el criptograma, el esqueleto de un caballo y unas huellas de pezuñas de ciervo. Debajo del esqueleto toparon con una tapa de piedra, al volarla dejaron al descubierto la entrada a una cueva vacía, pero que daba la sensación de que no había sido usada. Wilkins comenzó a pensar que Olivier Lavasseur había usado para plasmar sus pistas, el tema de Los doce trabajos de Hércules, el mito griego. En los siguientes cinco años, Wilkins continuó desvelando los siguientes trabajos de Hércules en la zona, pero además pudo constatar que los símbolos en la tierra coincidían con una constelación en el cielo. Así fueron apareciendo un relieve de perro, huesos de jabalí, huesos de ganado... Las excavaciones se extendieron por una extensión de 70 acres.


Mr. Cruise Wilkins se había arruinado con su empresa, pero consiguió que algunos socios le financiasen con 34.000 libras para seguir los trabajos. Contrató máquinas de excavación y complicadas herramientas para seguir su búsqueda, en la que logró hallar unas manzanas talladas en piedra, era el 11 trabajo de Hércules. Muy cerca estaban los huesos de una mandíbula de cerdo, el 12 trabajo del mito. Todas las excavaciones coincidían con la constelación de Andrómeda. Pero Wilkins estaba totalmente arruinado y sus socios no lo volvieron a financiar, estaban decepcionados porque no aparecía el tesoro que les compensara de sus inversiones.


Alguien había detectado en una ocasión cerca de un punto del mar, la presencia de varias libras de hierro con un aparato detector, lo que animó a pensar que podían ser herrajes de cofres, bandas y argollas, pero hasta el momento el secreto se niega a aparecer.


A su muerte en 1977, su hijo John Cruise-Wilkins se ocuparía de continuar el sueño inconcluso de su padre. John Cruise-Wilkins  llevó a cabo la aventura de su padre, aunque él no tenía ninguna duda de que una vida no sería suficiente para encontrar el tesoro de Levasseur. Se han encontrado hasta la fecha un fusil, una hoja de la espada, figuras y algunas monedas..., para lo cual los gastos supusieron unas 30 000 libras esterlinas invertidas en la causa durante décadas. Antes de morir, Wilkins estuvo trabajando con su socio, un americano rico. Estaban convencidos de que los piratas escondían sus tesoros durante la marea baja en cuevas que después quedaban sumergidas. Las olas de la marea, al subir la pleamar, podrían ocultar alguna entrada que pudiese albergar su tesoro.


En 1994, el señor Joseph Guy Germain, interesado en la leyenda que se contaba, observó algo muy curioso, relacionando el pergamino de Olivier y una piedra que había en el vestíbulo del salón municipal del Ayuntamiento de la localidad de La Posesión, que indicaba marcas geográficas. Esta piedra había sido hallada cercad del barranco Ay, en el camino Crémont, conocido ahora como “camino de los ingleses”, aunque no se sabe exactamente el punto, que solo conoce la persona que la encontró. Podría ser la misma piedra con la que trabajó Mr. Wilkins, que habría sido trasladada de su ubicación, perdiendo la orientación original que marcaba las distancias a los símbolos. El señor Joseph observó que la tres “A” tallada en esta piedra, formaban un triángulo, que sugiere que Levasseur conocía la trigonometría, y la empleó para esconder el tesoro, trazando determinadas bisectrices, pero para poder usarlo, habría que conocer la posición original de la piedra en su lugar. 

Entre las conclusiones que se han venido sacando del estudio de los símbolos del pergamino del pirata, se diferenciaban las siguientes:
 

A † R: Posible en caracteres latinos

A † F: Posible en caracteres latinos

A † P: posibles caracteres griegos

A † Γ: (alpha, Gamma): posible en griego

            Según estos datos, aparece designada la Cruz del Sur, y sus estrellas más brillantes, crucix Alfa y crucix Gamma. Otro supuesto es interpretar sus signos como marcas de francmasonería, según el análisis de Gaëtan Adam.


Otros investigadores dudaban de que el tesoro fuera en realidad de Olivier Levasseur, ya que otro pirata, Bernardin Nageón L’Estang, oficial de marina de la East India Company, también operó aquí en esas fechas, y en este sentido, las letras SBN o BN, estarían relacionadas con él, afirmando que consideran que hay 4 tesoros distintos ocultos en distintas islas, Isla de Francia (Mauricio), Belmont, en una cueva de Gran River- La Chaux  Port , y en Rodriguez. Estos tesoros estarían identificados por las letras BN. Lo que hizo pensar en esta posibilidad, fue el tesoro descubierto en 1916 en la isla de Pamba, cerca de Zanzíbar, donde el botín estaba localizado por las letras BN grabadas sobre una roca.


            El mito del tesoro de este pirata revivió hacia octubre de 2002 en las islas Seychelles, donde diversos investigadores trabajan con la esperanza de confirmar la autenticidad de la leyenda, que dice que se habría ocultado el tesoro junto a Bel Ombre en la costa noroeste de Mahé. Entre las evidencias presentes están las inscripciones en piedras, y entre las más interesantes los grabados de dos corazones y un busto femenino.


Las últimas excavaciones comenzaron en octubre de 2002, a partir de un movimiento de tierra gigantescas con bulldozers y luego utilizan la última tecnología para tratar de localizar a este fabuloso tesoro. Estas excavaciones se llevan a cabo por el Sr. Robert Graf, americano de 47 años que ya había hecho otros intentos contando con la información hasta ahora conocida, pero por el momento, el hallazgo del tesoro sigue siendo un misterio que aún no ha sido sacado a la luz, y guarda celosamente un secreto que podría estar a pocos metros bajo la superficie de la isla.


            A día de hoy, existe una tumba en el viejo cementerio de San Pablo, en la isla de Reunión, que supuestamente pertenece al pirata Olivier Levasseur, sin embargo, es un reclamo turístico. El famoso pirata nunca fue enterrado aquí por la sencilla razón de que el cementerio fue creado en 1788, es decir, 58 años después de su muerte. En aquella época, los condenados a muerte no podían ser enterrados en el cementerio. Sus restos permanecían un mínimo de 24 horas colgados en jaulas de hierro, o suspendidos sobre el río, como ejemplo, antes de ser enterrados en lugares desconocidos, para que nunca se convirtiesen en mártires de sus admiradores, frecuentemente eran arrojados a fosas comunes.


            A pesar de todo, existen románticos que están convencidos de que la tumba es la del pirata, y muchas personas supersticiosas, llevan ofrendas para colocarlas sobre su lápida, con la intención de hacer peticiones personales.


            Hace años, Francesca Verrazone, arqueóloga, hija del arqueólogo Giuseppe Verrazone, del laboratorio de Arqueología Subacuática de Marsella, ofreció una conferencia sobre los secretos de la arqueología en el Indico, anunciando que iba a liderar un equipo que tenía intención de investigar el secreto de Levasseur. Entre los invitados se hallaban en la conferencia arqueólogos y directores de excavaciones importantes, de países como Francia. No había muchos que a día de hoy sigan interesados en la historia, salvo Ritchie Baneto, un buzo que apoyaba la teoría de Verrazone, y que había estudiado con ella durante 10 años en la universidad de Marsella, cuando ésta hizo su doctorado en arqueología naval.


            No obstante, el anuncio de su trabajo en la isla de Santa María de Madagascar, acabó cautivando al público, que sigue de cerca los pasos de esta hermosa morena italiana, cuya manera de hablar de aventuras roba los sentidos. En su conferencia explicó cómo había preparado su trabajo en lugares como Lisboa o Brest, siguiendo la trayectoria relacionada con las East India Company.

            Sea como fuere, el tesoro de Olivier Levasseur, alias La Buzze, continúa allí, en algún lugar de estas islas, aún oculto celosamente en virtud de unos conocimientos y unas técnicas avanzadas, que aquellos líderes del mar se vanagloriaban en utilizar, para ocultar sus más codiciados secretos, y que, a día de hoy, se llevaron a la tumba.


            Quizá en el futuro seamos capaces de desvelar el punto exacto donde duerme su legado, y conocer un día su auténtica historia, llena de emocionantes momentos que solamente él y su tripulación pudieron vivir de cerca, y mirar con sus propios ojos.